Un acto Lúgubre
Si
uno comienza a realizar un repaso mental de las fechas importantes en la
historia del País, la del 18 de julio de 1830 tiene especial preponderancia sin
lugar a dudas, por tratarse del día en que se celebra
Como
País apegado a las normas este día se ha celebrado desde siempre de una manera
distinta a las demás fechas patrias, los desfiles militares, las caballerías
gauchas y las banderas patrias, eran parte del paisaje capitalino, es decir se
celebraba con alegría y colorido, dando particular importancia al hecho que se
conmemoraba.
Que
distinto es todo lo antedicho, si se lo compara con el lúgubre acto que nos
ofreció el miércoles el gobierno
progresista, que ni siquiera contó con la presencia del Primer Mandatario, la
verdad una verdadera vergüenza.
Bueno
mucho no podemos esperar, recordemos que estamos hablando del mismo Presidente,
que se burló de la carta magna al designar un fiscal de corte por capricho, y
sin respetar lo que ésta impone para ocupar el cargo, o el mismo que conformó
los directorios de los entes autónomos como quiso etc., en fin así nos va.
Si
este hecho al menos para el que suscribe ha sido penoso, las explicaciones que
han dado los ministros del porqué de la falta de muchos de sus pares a este
acto, sinceramente no tiene adjetivo calificativo posible, unos le echaron la
culpa al frío, otros a que se había querido ahorrar con las invitaciones
enviándolas por correo electrónico, y otro dijo que era una invitación abierta
y que concurría el que lo deseaba. La
verdad un mamarracho.
Quizás
no sea un acto determinante, pero también forma parte de la responsabilidad de
gobernar, el darle a las fechas importantes, la trascendencia que se merecen,
me parece que es algo que debe realizarse sobre todo de cara a dar el ejemplo a
las futuras generaciones.
Resulta
curioso, que nuestro Presidente se ausente de la conmemoración de un hecho tan
trascendente para la historia nacional, siendo el mismo que encabezó grandes
puestas en escena, como fueron el día de su asunción de mando, y el pasado
primero de marzo cuando nos atomizó a todos con un tedioso e interminable
discurso de tres horas.
Seamos
condescendientes con el Primer Mandatario y démosle el beneficio de la duda
sobre su ausencia, quizás sus múltiples actividades lo tengan al borde de su
resistencia física, entendamos que no hay cuerpo que aguante cuando uno debe
todo el tiempo salir a pescar, atender a sus pacientes, hacer malabares dentro
de una interna partidaria cada vez más compleja o mediar entre Astori y las
ONG, por el ajuste fiscal, perdón reforma tributaria, seamos pacientes y
sepamos que cada vez falta menos para que esta situación cambie, y seamos
nuevamente un País en serio.
Carlos D. Aguirre