Quo Vadis
El Ministro de economía hizo
comentarios pertinentes y oportunos sobre el estilo del Presidente de Venezuela,
y las dificultades que éste le aparejaba a la organización regional.
Acto seguido el Canciller Gargano,
lo desautorizó.
Que es un amigo, que es un
socio, que es un líder regional, o que no es nada de eso sino todo lo contrario.
O que business are business
como dijo el vicepresidente de
Se repite la fórmula. Un
jerarca dice algo, y otro dice lo contrario. El presidente no dice nada, y en
definitiva no se sabe quien manda, para donde vamos, ni donde termina esto.
Imagínense que impresión puede
trasmitir esta interminable secuencia de contradicciones tan evidentes en el
seno de un gobierno que debería conducir, si, conducir los destinos de la
patria.
Lo mismo ya pasó con el
tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y sigue la larga lista
Un día si y otro también, se
emiten señales que no permiten identificar cual es la hoja de ruta.
Ahora bien, si esto quedase
solo para la anécdota y la crónica política, vaya y pase. Lo malo es que estas
cosas nutren de información a aquellos que toman decisiones, especialmente las
de corte económico.
Y por consiguiente, las
condicionan a la baja.
Lo de la seguridad
institucional y política, lo de la previsibilidad del marco de referencia, hace
corto circuito cada vez que se expone públicamente la dificultad del gobierno
para decidir tan solo sobre a donde quiere ir.
Que están sobreexpuestos los
ministros, es cierto. Lo están desde todas las épocas.
Hoy más que nunca se extraña
la conducción política de presidentes y partidos que teniendo errores como
todos, muchas veces hasta en contra de la opinión pública, supieron comandar
con firmeza y seguridad, lo más elemental: el definir para donde estamos yendo.
Hoy, nadie lo sabe.
Alvaro
Alonso