Está
en proceso de ser aprobada con los votos del oficialismo, la rendición de
cuentas del año 2005.
El
déficit que presenta la administración en el primer año de aplicación de su
presupuesto quinquenal es del orden de los 300 millones de dólares, sin
perjuicio de lo cual, el gobierno plantea en esta ley, un aumento de unos 250
millones de dólares más en el gasto
público.
Esto
se explica por la vocación manifiesta del Frente Amplio de seguir engordando al
estado, en lo que evidencia una lealtad
inquebrantable con su filosofía socialista.
En
eso el gobierno es coherente con lo que propuso.
Se
crean miles de cargos públicos más, algunos de los cuales pueden resultar
justificables en cuanto atienden necesidades en materia de seguridad pública
para reforzar los cuadros policiales. Otros, no tanto.
Desde
que el Poder Ejecutivo se instala en
funciones en al año 2005, solo en la Administración Central, los cargos de
confianza aumentaron en un cincuenta por ciento.
Son
casi una centena más de posiciones de asesoria, subdirección, jefaturas de
programas y otras yerbas que se suman a la ya insoportable burocracia del
estado uruguayo.
Es
más, se disponen, por distintas vías, aumentos de todo tipo para casi todos los
cargos de particular confianza, llámense en lenguaje común, como cargos
políticos.
Esto
pasa en el parlamento, al son de la orquesta de la bancada oficialista, con la
complicidad de sus Ministros, todos los cuales sacan alguna tajadita de la
torta para sus propias chacras.
Por
otro lado, el Banco Central, y casi como viviendo en otro mundo, el real, acaba
de presentar un informe de coyuntura advirtiendo sobre el repunte de la
inflación, que alcanzo al 6,8% al cierre de agosto y un leve deterioro en el
ritmo de crecimiento de la economía.
La
autoridad monetaria recomienda un control cuidadoso del gasto público, el
seguimiento de la evolución del consumo privado, el aliento a la inversión
privada para aumentar las exportaciones a los mercados que más nos convengan.
Se
trata de una de las más alarmantes señales de la falta de conducción politica
que el país hoy está soportando.
Y
de la falta de coordinación. Y de la falta de mando.
Las
diferencias internas de la coalición de gobierno no se agotan en la discusión
sobre la negociación de un TLC con Estados Unidos. La realidad es mucho más
grave y peligrosa.
En
el horizonte se empiezan a vislumbrar algunas señales que deberían llamar al
menos a la cautela y a no apartarnos de la ortodoxia fiscal.
Sin
ser conservadores, hay que ser precavidos.
De
no saber administrar la situación, nuestra siempre frágil estabilidad económica
se puede ver amenazada por un crecimiento de uno de los peores flagelos a los
que los uruguayos hemos estado expuestos hasta hace muy poco : la inflación.
En
el mundo del Banco Central y en el mundo del Parlamaento, deberían ponerse de
acuerdo.
Esa
es su obligación.