Lamentablemente la convivencia de por lo menos dos países dentro de nuestro territorio se torna cada vez más palpable. Por un lado el Uruguay de la burbuja corporativa, donde lo importante es si se se instalan cajeros automáticos dentro del Banco de Previsión Social o si se destruye de un día para el otro un consenso de ocho meses para ver si se salva ANCAP cuando su septuagenario monopolio caiga y, por el otro lado, el aún silenciado, que se preocupa por aprovechar las oportunidades que surgen después de los oscuros años de la depresión económica, determinado a devolverle cuanto antes un poco de igualdad a las condiciones de vida de sus congéneres.
Ocupémonos de este ultimo, para ver si sirve de ejemplo a todos los que tenemos alguna responsabilidad política y nos demuestra lo alejado que se encuentra de lo que acontece en los comités partidarios, oficinas burocráticas o dependencias sindicales.
Por estos días nuestro país real nos alecciona en todos los rubros de la economía, él más evidente el sector agropecuario, verdadero percheron de la salida de la crisis que, tras el cambio de su ecuación interna, apertura de mercados y mejoramiento en los valores de sus productos, se consolidó sin crédito bancario alguno y puede estar frente a la zafra más espectacular de las ultimas décadas. Tanto el arroz, la soja, el girasol, la lana, la forestación y por supuesto la carne, van a coincidir en su fenomenal momento en los primeros meses del 2004, generando una sobre demanda de maquinarias y servicios accesorios que pondrá a prueba, por su movimiento, todas las mejoras en infraestructura y conocimiento generadas en los últimos diez años.
El sector industrial, fuertemente alicaído tras las épocas de tipo de cambio bajo, tiene frente a sí enormes desafíos; a la mejora evidente de competitividad, debemos sumarle el hoy tangible Tratado de Libre Comercio con México y la posibilidad de acceso a financiamiento alternativo mediante los fideicomisos, que propician en esta compleja cadena productiva, un horizonte cierto de posibilidades para su recuperación, generando esperanzas reales de posibilidades de nuevos puestos de trabajo.
La conjunción de esfuerzos de los sectores públicos con las cámaras empresariales serán determinantes, sobre todo en el asesoramiento mutuo, sobre los requisitos de acceso al mercado mexicano, el apoyo logístico de las representaciones en el exterior y para hacerle entender a las reticentes entidades financieras, cuan seguro y atractivo es este nuevo panorama que se les presenta.
La confianza depositada en nuestro país de inversiones indias de primer nivel mundial, en sectores de vanguardia como el software, logística y biotecnología, augura la inclusión cierta del Uruguay en el mapa de países productores de conocimiento que incorpora un altísimo porcentaje de valor agregado a los años de formación académica de nuestros jóvenes emprendedores
También el sector terciario se prepara; con buenas perspectivas se asoma la temporada turística, en la que el cambio de coyuntura en la región, permite augurar la mejor temporada estival de lo que va del siglo veintiuno, quedando en la inteligencia de los operadores turísticos su aprovechamiento, a sabiendas que es un rubro en donde no cabe mas la remota idea de “hacer la América“ en los primeros días de Enero, con precio exorbitantes que ahuyenten a nuestros vecinos.
Las oportunidades para comenzar una nueva etapa de crecimiento económico están a la vista. Pero, ante esta realidad, nos asalta la pregunta que es, seguramente, la principal clave del porvenir: ¿hasta cuando la inmensa mayoría de las dirigencias seguirán dando la espalda a la necesidad de crecer política e intelectualmente para desencadenar el proceso de desarrollo social y cultural que la historia del país reclama?
Marcelo
Ferreira Lois