OTRO ENGAÑO MAS
Si algo ha quedado al descubierto en esta campaña para derogar la ley que permite la asociación de Ancap con privados, es la total falta de consistencia a la hora de argumentar a favor de la papeleta rosada.
Es
recurrente ver a sus promotores dar embarazosas explicaciones, desconcertando
así a miles de uruguayos que, en un principio atraídos por las consignas
desplegadas a lo largo y ancho de la república, se dan cuenta del engaño al que
fueron sometidos durante la recolección de firmas para la convocatoria del
referéndum. Esta es la verdad que se evidencia en los resultados de las ultimas
encuestas, en las que la defensa de la ley se solidifica ante la caída de sus
detractores.
Tanto
a la venta del ente autónomo, como a la paternidad gubernamental de la norma y
la demencial exageración de llegar a afirmar que se podrá carne si la ley se
llegara a derogar, le sumamos la constatación de una nueva falsedad: la
existencia de un proyecto alternativo, llegado el caso de que se derogara la
ley el próximo 7 de Diciembre.
El
proceso por el cual la ley fue concebida fue digno de los mejores anales
parlamentarios. En una Comisión Especial creada a esos efectos, legisladores de
todos los partidos sustituyeron el proyecto del gobierno, de tan solo dos
artículos, por el que se encuentra vigente, incorporándole en una negociación
que llevó casi todo el año 2001, los matices y puntualizaciones que aportaran
las bancadas de legisladores de los diferentes partidos políticos..
Los
dos artículos enviados por el Poder Ejecutivo se transformaron en los 18 de la
ley que contó con la participación de
los cinco partidos políticos con representación parlamentaria. El noventa por
ciento de los reclamos partidarios fueron incluidos generando una típica ley a
“la uruguaya” que si tiene algo de criticable, dadas las importantes
dificultades propias del mercado de los combustibles, es justamente su
abundancia de garantías a favor del Estado.
La
inminencia de la apertura regional obligaba a todo el sistema político a estar
a la altura de las circunstancias, para permitirle a ANCAP una transición
ordenada frente a la ruptura de su monopolio septuagenario y, por esto, era imprescindible que la iniciativa naciera con
las características de una política de Estado.
Quedará
para la anécdota como un sindicato, empeñado férreamente en defender sus
privilegios, convence a todo un partido de cambiar en horas la actitud de
meses. Pero lo que nadie puede llegar a dudar es que sobre la mesa existía un
solo proyecto de ley, a partir del cuál se trabajó durante todo el transcurso
del año 2001.
Ahora
nos quieren convencer de que existe otro y que, una vez celebrado el
referéndum, en el hipotético caso de que la ley fuera derogada, se pondrá a
consideración para ser rápidamente aprobado.
Tanto
el Diputado Rossi como el Senador Astori, ambos frenteamplistas pero de
distinta posición en esta instancia, reconocen la inexistencia de este mágico
proyecto alternativo, poniendo de manifiesto otra mentira más en este
lamentable collar de falsedades sobre los que la ciudadanía está obligada a
pronunciarse.
Pero
si en algún cajón recóndito, dicho documento de verdad existiera, es bueno
preguntarse: ¿Por qué llegar a este momento para debatirlo? ¿Por qué no se
planteó en el ya lejano 2001 para impedir esta campaña absurda que lo único que
busca es dividirnos?
Imagine
el paciente lector cuantas cosas se pueden hacer en nuestro país, devastado por
la crisis, con los siete millones de dólares que costarán las 24 horas del
próximo 7 de Diciembre. Si dicho proyecto existiera por que no se trata ahora e
impedimos este gasto innecesario, logrando lo que aparentemente todos quieren
que es asociar a ANCAP con un privado, para fortalecerla frente a la
competencia.
Los
responsables de este nuevo engaño tendrán que dar todas las explicaciones del
caso. Al fin y al cabo son los que tienen la mayor cantidad de legisladores
para que, aunque sea por una única vez, justifiquen sus salarios.
Los
estamos esperando para encontrar juntos las soluciones.
Enrique
Arezo Nande