PATAS PARA ARRIBA

 

A veces parecerían acumularse la suficiente cantidad de mensajes negativos como para doblegar a cualquiera.

 

Reconozco que este se presenta como uno de esos momentos en los que uno se puede sentir tentado a declararse incapaz de cambiar las cosas sobre las que nos rebelamos. Felizmente no lo es.

 

Al construir un País, tarea cotidiana de todos los uruguayos, se puede elegir el hacerlo al derecho, o al revés, o como popularmente se dice, patas para arriba o patas para abajo.

 

Puede resultar patético el ejercicio de repasar los temas que parecerían estar en la agenda nacional, especialmente en la política.

 

Hace pocos días culminó el proceso parlamentario por el cual, por Ley, se estableció la prohibición de instalar cajeros automáticos en el Banco de Previsión Social, lo que constituye, inequívocamente, un total dislate, propio de alguna republiqueta de cuarta categoría.

 

Ahora el debate esta centrado en determinar, otra vez por la vía legal, quien es que debe repartir las facturas de las Empresas Públicas, constituyendo otro absurdo de  extralimitación de competencias de un Poder del Estado que nada tiene que ver en ese tipo de decisiones administrativas.

 

Es más, si un marco legal debiese darse para atender esta absurda disputa, debería ser uno que habilite a diferentes Empresas del Estado a elegir, en libre competencia, entre empresas públicas o privadas de correo.

 

Con espanto hemos escuchado que lo que falta es una adecuada planificación y definición de las  competencias de cada uno de los Organismos del Estado,  para que no se presenten este tipo de problemas. Patas para arriba. O por lo menos contra la corriente de lo que pasa en todo el mundo en donde se vive mejor que acá, que es con el que debiésemos compararnos.

 

Todo esto con el gran telón de fondo, en donde se presenta como principal prioridad  el prohibir a la empresa petrolera nacional el desarrollarse con alianzas estratégicas con otras empresas.

 

En la lista de absurdos se anuncia un plebiscito por el agua, y vaya uno a saber cuantas cosas mas surgen del imaginario popular, político y sindical.

 

Ante todo esto, es verdad, uno podría declararse chancleta, y abandonar.

 

Pero nosotros no.

 

Y esperamos que nos comprendan, y nos acompañen.

 

Álvaro Alonso