SOMOS LOS PIRATAS

 

Otra vez salen a escena los piratas. Cual secuela de una producción "hollywoodense" de dudosa calidad, los promotores de la derogación de la ley que permite a ANCAP a asociarse con privados recurren a un estilo publicitario que, por lo menos, podría calificarse de inmoral.

 

Lo cierto es que se ha puesto en el aire un corto publicitario en donde se representa lo que seria una futura reunión del Directorio de la nueva empresa que surgiría de aprobarse definitivamente la ley. Allí se muestra a los directores uruguayos haciendo propuestas que serian de carácter positivo para la empresa y para el país y los mismos son vetados con malicia por los socios extranjeros que integran el organismo. Estos por supuesto que son presentados como una caricatura de todo lo ambicioso y codicioso que puede representar el ser humano, mientras que los directores nacionales aparecen como una sarta de imbéciles.

 

Esta publicidad no es casual. Responde a un reflejo de una serie de preconceptos que lamentablemente el uruguayo aún mantiene y que hacen que estas estrategias, infantiles por cierto, tengan cierto éxito en el ciudadano.

 

¿Por que nos parece negativo que una empresa busque obtener la mayor ganancia? Es absurdo pensar que el privado que se asocie con ANCAP, que esta

obligado a realizar inversiones importantes para que pueda constituirse en socio, no trate de obtener el mejor resultado para sus intereses. Esta es la "razón del artillero" para no sospechar malas intenciones: el privado necesita que ANCAP sea un buen negocio y va a ser todo lo posible para que ello así sea. El uruguayo sin embargo, con gesto adusto y tratando de parecer inteligente, siempre hace el razonamiento inverso y presupone que se va a buscar por parte del privado un perjuicio que no se puede entender a quien favorece.

 

Otra de las conductas que hacen al habitante de estas tierras un ser curioso es su tendencia constante a considerarse inferior. El inversor privado siempre va a ser may vivo que nosotros, que vamos a estar permanentemente sorprendidos en nuestra buena fe, esclavizándonos frente a la astucia de los representantes de vaya a saber uno cha intereses.

 

Estos preconceptos reseñados deben ser desterrados del inconsciente colectivo uruguayo porque nos hacen un daño terrible y nos condenan a una mentalidad provinciana que nos va a impedir ostentar un verdadero progreso.

Es necesario un pueblo informado y lideres políticos que se preocupen de que esto sea así. Hay que condenar enérgicamente las estrategias que utilizan los temores y los defectos de una nación para favorecer intereses políticos circunstanciales. Como sociedad debemos darnos cuenta de estas cosas porque de lo contrario les estaremos dando la razón a quienes piensan que somos un gran grupo de tontos.

 

Alfredo Susena