Durante
años hemos escuchado por parte del Frente Amplio diversas criticas a los
Partidos Tradicionales, a los que se le endilgaba el monopolio de esos pecados
políticos desde el púlpito de la oposición.
Empecemos
a enumerar algunos de ellos: l
Ley de lemas, durante
años la izquierda acuso de que bajo su amparo se cobijaban planteos electorales
tan diversos dentro del espectro político, que engañaban al elector y era
políticamente incorrecto aunque la ley lo permitiera y hasta parecía que
inmoral. Hoy sin el amparo de ninguna norma legal, el Frente Amplio - Encuentro
Progresista - Nueva Mayoría reniega de su histórico caballito de batalla contra
los otros partidos, nuclea bajo su lema una gama de expresiones políticas mucho más
disímiles que la que cualquier otra fuerza política en la historia electoral
del Uruguay. Van desde el centro moderado hasta la extrema izquierda, que aún
hoy no reniega de la lucha armada y en el medio incorporan a Nin y Michellini que son foráneos a su fuerza política; pero
parece que hoy es correcto lo que ayer no lo era.
Candidaturas múltiples,
cuando los partidos presentaban tanto a nivel nacional como departamental
varios candidatos, la izquierda ponía el grito en el cielo, al punto de que en
la última reforma electoral se dio como graciosa concesión por su parte, el que
cuando los números de convencionales lo permitiesen, hubieran
hasta dos candidatos a intendentes. Hoy están considerando en sus órganos de
decisión interna la posibilidad de desechar esa veda auto impuesta de un solo
candidato para las intendencias, por que ven que en la competencia electoral
puede estar hoy la posibilidad de acceder a algunos de los ejecutivos
departamentales y parece que en aras de conseguir el poder político, ahora es
correcto; Nicolás Maquiavelo debe de estar orgulloso de sus discípulos
vernáculos.
La pelea por los cargos,
cuando los anteriores gobiernos formaban gabinete y se llevaban a cabo las
negociaciones políticas a esos efectos entre blancos y colorados, eso era
simplemente repartija y no el normal desarrollo del libre juego político que
permite los acuerdos para llevar adelante un gobierno. Hoy intentando, ya no
con distintas fuerzas políticas, sino con sus propios “compañeros” definir los nombres para los distintos cargos, la pelea es
feroz, y téngalo por seguro que a la luz pública solo debe de estar saliendo
una pequeña parte de la disputa.
Podríamos
nombrar muchos más ejemplos pero sería tedioso.
Seguramente
cuando llegue la instancia del presupuesto nacional, este tipo de
comportamiento político tenga su prueba de fuego. Surgirán planteos populistas
de sus propias filas ó de otras aplicándole una taza de su propia medicina y
los infaltables reclamos de gremios ó de exigencias del cumplimiento de
promesas electorales y revivan lo que
ellos mismo combatieron haciéndoles creer a los ciudadanos, que el no dar todo
lo que se pedía era mala voluntad ó simple y lisa maldad de los gobernantes de
los partidos tradicionales, es decir se vean en la encrucijada de todo gobierno
responsable de no poder dar lo que no se tiene. Será el fin del voluntarismo y
el principio de la cruda realidad de gobernar. Esperemos que su postura también
sea la de modificar el discurso mantenido hasta ahora y en este caso por una
circunstancia, no ya de conveniencia política sino de buena administración por
el bien de todos los uruguayos.