La
actuación del Presidente el 3 de marzo
Lo del título corresponde
ya que lo que pudimos apreciar no fue un discurso ni una exposición de ideas o
planes, sino una actuación con elementos teatrales en mezcla con procedimientos
de pastores protestantes que, cada tanto, se pueden apreciar en algunos
programas de TV cable. De paso, una flagrante violación de preceptos
constitucionales que claramente impiden que la institución presidencial se
involucre en actividades partidarias. Esto último fue tan claro y sino, qué es
un acto donde habla el presidente y se acarrea, como si estuviéramos en campaña
electoral, militantes del partido de gobierno en muchos ómnibus y otros
transportes contratados. Tengo la sospecha que esta fiesta la
pago yo como todos los ciudadanos que aportamos a través de los impuestos que
nos están ahorcando.
Luego, durante esa
actuación, el presidente se dedicó a atacar a la prensa, a algunos sindicatos y
a los partidos de la oposición. Como si esto fuera poco, termina con una arenga
a favor del partido de gobierno y anunciando su próxima victoria electoral.
Fue realmente penoso, pero
no fue todo. En cuanto al contenido, incurrió en groseros desenfoques de la
realidad, tratando de ocultar los temas que son relevantes para nuestro país.
Se dedicó a reconocer que el contexto económico internacional es favorable, que
esta administración ha tenido suerte por el tiempo en el cual le tocó gobernar,
para luego agregar que, si bien esto es cierto, también lo es que el equipo de
gobierno ha manejado bien esta situación y para ello, se basó en los resultados
macro económicos.
Bueno fuera que ante los
precios nunca vistos de nuestras exportaciones, las bajas tasas de interés y el
contexto internacional, nos fuera mal. Es lo mínimo que podíamos esperar.
Lo que si hay que discutir
es que cuando duplicamos nuestros ingresos por exportaciones y las tasas de
interés están bajas, qué se ha hecho con esta situación tan favorable.
Cualquier gobierno sensato y responsable hubiera tomado medidas que nos
protegieran de la crisis que seguramente volverá, y también hubiera realizado
inversiones en infraestructura y hubiera planificado nuestro desarrollo para
hacernos menos vulnerables de lo que somos. Por el contrario, se ha optado por
distribuir cientos de millones de dólares a las clases más pobres a través de
planes asistencialistas y populistas, mientras se los
mantiene situados en esa pobreza estructural. Nadie va a salir de la pobreza
porque se le de todos los meses una pequeña suma de dinero sin pedirle contrapartida.
Se los deja viviendo en la misma situación de pobreza, hacinados, con viviendas
miserables e irregulares. No se ha construido una sola vivienda y han
desmantelado al Banco Hipotecario, sabiendo que el Ministerio de Vivienda
tampoco se ocupará de esto.
Además de no mejorar las
condiciones de vida, tampoco ofrecen una salida para los niños y adolescentes a
través de la educación. Lo que sucede con nuestra educación pública es
dramático. Se ha politizado hasta los cimientos y además se le escamotea a la
ciudadanía la discusión sobre los verdaderos problemas a resolver. Se discute
lo accesorio, pero no existe ninguna propuesta sobre qué y cómo vamos a educar
a nuestros niños. Si algo hizo la izquierda en las últimas décadas, fue copar
toda la educación, desde la primaria a la terciaria. Y ahora todos estamos
viendo que no sabían y no saben qué hacer para educar mejor. Sólo se trató de
un ejercicio de poder para desde allí influir políticamente en la sociedad. De
la preocupación central de la educación, nada. Y en esta historia perdimos los
alumnos, los docentes, los investigadores y la sociedad en su conjunto; ya que
la educación de la que hoy disponemos, no está a la altura de los desafíos que
el país enfrenta. Tampoco podrá ayudar eficientemente a aprovechar, con una
planificación estratégica certera, los cuantiosos ingresos que nuestro país
está obteniendo.
Estos son, solamente por
citar algunos, aspectos de nuestra realidad que muy bien podrían haber ocupado
el tiempo de nuestro presidente y su equipo de gobierno. Estamos perdiendo
lastimosamente el tiempo y las oportunidades.
Florencia
González.-
Juventud
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