Por
estos días se ha cumplido un nuevo y triste aniversario de los hechos
vandálicos del Hospital Filtro.
En
la opinión pública, seguramente por el trabajo constante de la ultra izquierda
de nuestro País, se recuerda el hecho por la muerte de un joven y heridas a un
funcionario de una emergencia móvil entre otros, en incidentes por demás
confusos y no por la fragrante violación al orden constitucional y legal del
País.
De
aquella muerte se trató de culpar a los funcionarios del Ministerio del
Interior, Ministerio que era el menos interesado en que ocurrieran hechos de
violencia y mucho menos de sangre como ocurrieron, resulta difícil pensar en un
efectivo policial disparando sobre un tripulante de una emergencia médica; sin
embargo el fallecimiento de Morroni, le otorgó a los promotores de los
disturbios un conveniente mártir, que hasta la fecha le siguen sacando partido
a este trágico hecho.
Pero
esta situación por demás penosa no fue la única de esa calidad, algo también
reprobable fue que esa manifestación fue premeditadamente violenta, se
encontraron en la zona caños apropiadamente cortados para su uso como porras,
miguelitos, cócteles molotov, cascotes y piedras acopiados para arrojar. Para
quienes veíamos el clima previo en los medios de prensa, no era sorpresa, el
que IVA a ese baile sabía que le podía tocar bailar, desgraciadamente a uno de
ellos le tocó bailar con la más fea: la parca.
Pero no terminan aquí los hecho lamentables, estas manifestaciones lo que estaban tratando de hacer era impedir que se cumpliera una decisión de la justicia uruguaya, pero no la de un simple juez, sino se cuestionaba y trataba de impedir hacer efectiva la sentencia de la Suprema Corte de Justicia, el órgano máximo del Poder Judicial uruguayo. Un Poder Judicial que consideró la solicitud de extradición de varios ciudadanos españoles por presumirse responsables de atentados y muertes en España, de esas solicitudes algunas no cumplieron con los requisitos indispensables y fueron liberadas varias personas, de quienes fueron extraditados existió elementos suficiente para hacer lugar al pedido del Reino de España.
De
lo anterior se desprende que no fue una decisión apresurada ó tomada a tapas
cerradas sino concienzudamente estudiada y por si esto fuera poco los presuntos
terroristas no eran extraditados a un país como Cuba, donde no existen garantías
para los derechos humanos ni condiciones para un juicio justo, eran
extraditados a un país con todas las garantías y un poder judicial
independiente, de hecho uno de los extraditados casi “al borde de la muerte”
luego de su huelga de hambre y que bajaron alegremente bebiendo refresco, fue
liberado por la justicia española.
Otra
prueba de las garantías en España, es la trayectoria del juez Garzón, aplaudido
por la izquierda uruguaya en el caso Pinochet y de los golpistas argentinos,
pero condenado en el sistema que lo contiene cuando de los etarras y su
extradición se trata, la eterna paradoja entre los dichos y los hechos a que ya
nos tienen acostumbrado esos señores.
En
este marco de desconocimiento de las instituciones y de la independencia de
poderes, se dieron dos actitudes que deben ser analizadas políticamente: la de
los líderes de la izquierda uruguaya que concurrieron a los incidentes del
Hospital Filtro presuntamente para observar los hechos, pero implícitamente
para solidarizarse y legitimizar los desmanes
que estaban ocurriendo ó por lo menos así se percibió por la opinión
pública y todo de la mano del PIT-CNT, su incondicional brazo sindical.
Por
otro lado la conducta del ministro político del gobierno: el Dr. Gianola, en
cumplimiento de las competencias del Ministerio del Interior debía velar por el
mantenimiento del orden público y hacer cumplir las decisiones del Poder
Judicial como en cualquier otro procedimiento judicial, para los fascistas de
izquierda esto era un pecado y por tanto el Dr. Gianola debía pagar y se lo
tildó a él de fascista. A veces se ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en
el propio.
Cuando
el golpe de estado yo tenía 10 años y vi a las fuerzas armadas uruguayas hacer
uso de su fuerza para atacar las Instituciones, en el caso del Hospital Filtro
fue la primera vez que vi a esas mismas fuerzas emplearse para defenderlas y
por eso, no dejo de felicitar al Ministro de aquel entonces, que en una
situación poco favorable optó por el cumplimiento de la Ley y la Constitución.
También
en esa oportunidad tuvo para mi otra primera vez: fue la primera vez en que me
sentí avergonzado de ser uruguayo, vi a parte de mis conciudadanos manifestando
violentamente contra una decisión legalmente adoptada por las autoridades
competentes, los vi provocándole la muerte a uno de ellos y heridas a muchos y
vi a los medios internacionales dándole cobertura y propagando la desgracia de
mi País y nuestra falta de cultura democrática por todo el mundo, quedamos a la
altura de una república bananera y siempre nos habíamos jactado de ser los más
democráticos de América Latina.
En
estos días los fascista de izquierda, los ultra y los que todos los días nos
acostumbran al doble discurso y a la tergiversación de las cosas por puro
rédito político, han salido una vez más a festejar la muerte de un inocente por
ellos provocada y a saludar un hecho de intolerancia y violación de las leyes
que avergonzó al País a lo ancho del mundo.
Desgraciadamente,
esperar que esto no se repita el año que viene, es solo mi deseo.
Arq. Gustavo Barrios