UN BARRIO PELIGROSO

 

Uruguay vive en un vecindario difícil. Por varios motivos esta parte del mundo resulta ser un lugar complicado para desarrollarse. No somos parte de ninguno de los polos de desarrollo económico que hoy nuestro planeta presenta, y lo que resulta más complicado aún, tampoco somos vecinos linderos de ninguno de ellos. Lejos de Asia, de Europa y de Norte América, ya de pique tenemos diferencias económicas y distancias geográficas poco recomendables. Si a eso le sumamos nuestras dificultades estructurales y una idiosincrasia conservadora, ya es suficiente para preocuparse y redoblar esfuerzo.

 

Pero esto no es lo peor. Lo más grave resulta del avance del populismo que a nivel político se ha venido instalando en casi todos nuestros vecinos. El ejemplo del Presidente Chávez de Venezuela es el más. Con grandes dificultades para mantenerse en el mando, para lo que recurre hasta al asesoramiento del PIT CNT, con índices de pauperización de la población de su país, no ceja en su empeño de latino-ameranicanizar su notoriamente ineficaz modelo de gestión.

 

La veneración hacia Fidel Castro del Presidente Venezolano contagia a un sugestivamente más moderado Presidente Lula así como al Presidente Kirchner, de quien poco se conoce sobre su programa de gobierno “hacia adelante” en una especie de pandemia política especialmente peligrosa para nuestros intereses como Nación.

 

El populismo, lamentablemente, llegó al barrio con el grave riesgo de dejar lo único que siempre dejó como legado de su pasaje por los gobiernos de las naciones: miseria, caos y descomposición cultural, moral y ética.

 

El daño solo podrá ser mitigado si el funcionamiento de la democracia participativa logra acortarlo.

 

Surgen entonces las propuestas de desvirtuar el MERCOSUR, ya sea con la incorporación de Países que al menos desde el punto de vista comercial poco tienen que ver con el bloque, o de organizar una suerte de tercera vía sudamericana con los autodenominados progresistas o populistas, o de constituir un parlamento del MERCOSUR tan innecesario como inoperante.

 

Mucho cuidado, también existe el populismo internacional.

 

Frente a este escenario, reconociendo cuales son nuestras fortalezas, debemos estar precavidos y a la vez, actuar.

 

El año próximo tenemos elecciones nacionales. Con un panorama como este resulta crucial que para la elección de los gobernantes se tomen en cuenta todos estos desafíos, y que en lo que nos corresponda, podamos contribuir para que el Partido Nacional, sea una vez más, garante, custodio y defensor de los valores que nos diferencian, aún de nuestros vecinos, lejos de la propuesta fácil, demagógica y populista.

 

En eso estamos.

 

Álvaro Alonso