REFLEJOS ERRONEOS
En
las últimas semanas hemos sido testigos del rumbo que ha comenzado a tomar el
gobierno del recientemente electo Presidente de la República Argentina, Néstor
Kirchner. El primer sacudón político fue dado por la destitución de los
magistrados favorables al ex – Presidente Carlos Menem que integraban la Corte
Suprema de Justicia. Pero tal vez la medida más sorpresiva y, a la vez, más
trascendente, haya sido la de procurar en el ámbito parlamentario la derogación
de las llamadas leyes de “Punto Final” y “Obediencia Debida” que indultaban a
los militares y guerrilleros protagonistas de los hechos más ominosos que la
historia argentina recuerde. En los últimos días la derogación fue votada por
el Parlamento argentino y esto desencadenó la detención y pedidos de
extradición de muchos de los individuos que se ampararon en su momento en las
normas derogadas.
Los
sucesos reseñados han tenido una inmediata repercusión en la sociedad uruguaya.
Desde varios ámbitos ha comenzado a circular una misma interrogante: ¿Qué
pasaría si la izquierda accede al poder en las próximas elecciones? ¿Se
buscaría por parte del futuro gobierno derogar la Ley de Caducidad de la
Pretensión Punitiva del Estado?
Creo
que la cercanía y la similar idiosincrasia de nuestros pueblos hacen que muchas
veces queramos comparar e igualar situaciones y procesos que lejos están de
parecerse. Mientras que en la Argentina las normas aludidas fueron únicamente
discutidas y aprobadas en ámbitos parlamentarios, la Ley de Caducidad fue
ampliamente discutida y finalmente sometida a una consulta popular que laudo,
en nuestra opinión en forma definitiva, el tema de los militares que actuaron
durante la dictadura que sufrió nuestro país. Esta es una diferencia sustancial
que debe ser necesariamente tenida en cuenta al momento de realizar estas
comparaciones.
Por otra parte, parece ser que el tema de los derechos humanos solo
forma parte de la agenda de la izquierda y esa es una injusticia atroz. Muchos
blancos y colorados fueron presos, perseguidos, destituidos y exiliados durante
la dictadura. Muchos hombres y mujeres de este país vieron socavadas sus
creencias pensamientos y convicciones por un régimen fascista y autoritario que
durante trece años no admitió segundas opiniones, violando así uno de los
derechos más básicos de todo ser humano posee para su desarrollo como individuo
: su libertad. Terminado ese período oscuro, el país se dio el debate que
necesitaba y buscó los caminos para volver a caminar en paz y libertad. Esa
búsqueda duró años e implicó sacrificios, tristezas y renunciamientos. Hay
quienes creemos que esa búsqueda finalizó en abril de 1989 y están aquellos que
tantos años después continúan una prédica que poco hace por ayudar a los
uruguayos a no mirar atrás. Es lógico que quienes tienen sus muertos continúen
sintiendo el peso de la injusticia y la salvajada cobarde. Pero como país no
podemos seguir dándonos el lujo de volver insistentemente a temas que nos
lastiman y nos duelen profundamente. Los uruguayos, por más injusto que
parezca, ya nos pronunciamos al respecto. El deber de nuestros actores
políticos es el de respetar ese sagrado mandato, sin importar el “pelo”
partidario de los gobiernos venideros y, menos aún, mirándonos en un espejo en
el que no podemos reflejarnos.
Alfredo Susena