REFORMARSE ES VIVIR
En los
últimos años, la reflexión sobre el período vivido en la sociedad uruguaya
desde fines de la década de los años sesenta del siglo que acabamos de
finalizar, nos conduce a caracterizar ese tiempo como producto de la crisis de
las ideas. Crisis, en definitiva, de ideas propias para la acción que deben
constituir la parte medular de la construcción permanente de la sociedad
democrática, como la experiencia
histórica nos enseña.
Y lo más
doloroso ha sido comprobar, en la reflexión sobre los errores y los horrores de
esos tiempos, de que la Generación del 900 había fundado, a partir de lo mejor
de la filosofía universal, una filosofía auténticamente uruguaya y
latinoamericana. Una filosofía de la vida, esencialmente humanista, de la que
en los últimos años la obra elaborada por Arturo Ardao -cuya cima ha sido la
publicación de Lógica de la Razón y Lógica de la Inteligencia-,
nos confirma ser su más elevada expresión contemporánea.
Doloroso porque, en definitiva, ya poseíamos al
interior mismo de nuestra sociedad, a través de su construcción histórica, la
alternativa para ahorrarnos tanto dolor y enfrentamientos fratricidas. El hecho
de que accidentalmente un puñado de dirigentes reaccionarios y vanos se
instalara en el poder y, como contrapartida, una parte importante de los
jóvenes de la generación de los sesenta, ignorara la obra de los fundadores de
nuestra filosofía, adoptando sistemas ideológicos cerrados, fue el comienzo de lo sucedido
ulteriormente, creándose las condiciones para que la irracionalidad se
auto-impusiera, violentamente, sobre el conjunto de la sociedad.
Desde la
experiencia histórica de la sociedad uruguaya, debemos comprender que buena
parte de la ciudadanía, así como lo más
fecundo que nos legaran las generaciones idas, reclaman un nuevo diálogo
político que posibilite la interacción y la complementariedad -por encima de
sus matices distintivos- entre las ideas auténticamente liberales y las
socialdemócratas, como ya se produjera en Uruguay, en otros períodos de la historia del siglo XX. Nuevo diálogo
político que propicia el fin de la posguerra fría que se caracterizara por una
visión acendradamente economicista y simplificadora de las sociedades
democráticas, criticadas en su propia esencia desde los mismos ámbitos de las
ciencias económicas que propugnan el
crecimiento con equidad.
Últimamente, recordando el proceso de acercamiento
ideológico y político que se estaba produciendo en el exilio de Buenos Aires,
entre Wilson Ferreira Aldunate, Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, decíamos
que por sobre las diferencias de las colectividades políticas en las que las
que estos tres grandes hombres desarrollaran su acción política, los unía una
entrañable amistad y una comunidad superior de valores espirituales. De ahí que
el proceso de acercamiento político que entre ellos se había producido,
trascendía lo meramente coyuntural, mancomunando sus esfuerzos para forjar el
proyecto de país libre y justo que la historia del país exigía. Y llegados
hasta el día de la fecha, tenemos el
más firme convencimiento de que ese proyecto de país libre y justo, continúa
conservando su cada vez más renovada vigencia.
Tanto
Ferreira Aldunate, como Michelini y Gutiérrez Ruiz, encarnaban parte de lo
mejor de una generación muy particular, formada en el transcurrir del siglo XX
en la sociedad uruguaya, bajo el influjo intelectual de la Generación del 900
que los proyectara como hombres de pensamiento y de acción. Si bien pertenecían
a tradiciones diferentes como las de los Partidos Colorado y Blanco, Michelini
más afín a la socialdemocracia o al liberalismo social y Ferreira Aldunate y
Gutiérrez Ruiz al liberalismo nacionalista y el humanismo cristiano, ellos
convergían en la misma fuente, la fuente de la filosofía de la vida que los
pensadores uruguayos de aquella generación habían fundado. De ahí la dificultad
para encasillarlos dentro de determinada corriente de pensamiento, como las que
muy genéricamente líneas arriba esbozamos, pues eran hombres acostumbrados a
pensar por ideas y no por sistemas, como tan insistentemente preconizara Carlos
Vaz Ferreira.
Las
falsas oposiciones políticas heredadas de las décadas perdidas, han contribuido
fuertemente al vaciamiento intelectual de la política. El fundamentalismo
economicista por un lado y el de la demagogia populista por el otro, los
intentos de dividir a la ciudadanía en bandos de derecha e izquierda para
imponer modelos reaccionarios de sociedad, han fomentado últimamente, de manera
significativa, ese acelerado proceso de desprestigio de la política, sin que ni
liberales ni socialdemócratas, al menos hasta ahora, logren articular
propuestas propias, por encima de tan flagrantes falsas oposiciones.
En una
sociedad tan politizada como históricamente ha sido la uruguaya, se impone
fuertemente la necesidad de renovación de la política. Ello es trascendental,
en la medida que las nuevas generaciones de los intelectuales mejor formados,
desencantados de la actividad política como tal, no encuentran otro camino para
su realización personal que el de refugiarse en la compartimentación de sus
disciplinas. La renovación de la filosofía política debe tener como uno de sus
principales objetivos, el de aprovechar las energías intelectuales de los
individuos mejor formados, para impulsar las transformaciones interdisciplinarias
que ahora, más que nunca antes, reclama la sociedad.
En Rumbos
Nuevos, José Enrique Rodó nos propone “una estructura de espíritu
en que la más eficaz capacidad de entusiasmo vaya unida al don de una
tolerancia generosa; en que la perseverante consagración a un ideal afirmativo
y constructivo se abrace con la facultad inexhausta de modificarlo por la
propia sincera reflexión y por las luces de la enseñanza ajena, y de adaptarlo
a nuevos tiempos o a nuevas circunstancias;....en que la clara percepción de
los límites de la verdad que se confiesa no reste fuerzas para servirla con
abnegación y con brío, y en que el anhelo ferviente por ver encarnada cierta
concepción de la justicia y del derecho parta su campo con un seguro y
cauteloso sentido de las oportunidades y condiciones de la realidad./
Éste es, sin duda, el más alto grado de perfección a que puede llegarse en la
obra de formar y emancipar la propia personalidad, bajo la doble relación de la
inteligencia y del carácter.”
Las
enseñanzas del entrañable Maestro –paradojalmente tan alejadas de las aulas en
las que se forman las nuevas generaciones de uruguayos y que olímpicamente
ignoran buena parte de los actuales dirigentes políticos-, nos muestran sus
características imperecederas, en un período en el que debemos avanzar
decididamente en la construcción de una sociedad cada vez más justa y libre.
Reformarse
es vivir,
comenzó escribiendo también Rodó su Motivos de Proteo,
componiendo, con esas mismas tres palabras, la más elevada divisa para encarar
los tiempos por venir.
Luis
Alemañy