EL RECICLAJE NECESARIO
Últimamente es común escuchar voces que provienen de todos los rincones de nuestro país que imploran “¡Bajen el costo del Estado por favor!”
No quedan dudas que las empresas públicas, entidades estatales y, en definitiva, todos los organismos que componen el hipertrofiado aparato estatal uruguayo, pocos méritos han mostrado como para poder ser calificados de “eficientes”, ya sea en lo que refiere a su gestión interna como frente a sus “clientes”, que no son otra cosa que toda la población del país; sin exageraciones, ya que todo habitante de este país hace uso de una manera u otra de los servicios que el Estado provee, lo cuál lo convierte inmediatamente en cliente. Esta ineficiencia convierte el estado en un mal -necesario?- pero demasiado costoso en relación a lo que brinda.
Ahora bien, los planes para sacar del anquilosamiento a este país se han comenzado a ejecutar –en forma involuntaria, o no- con la necesaria educación del sistema bancario a partir de la crisis que infelizmente nos ha tocado vivir a todos los compatriotas a mediados del año 2002; aún con el altísimo costo que significó este ajuste, toda la ciudadanía sabe que el mismo se paga solo.
Evidentemente estos ajustes se realizan a la luz de lo que la escuela clásica y neoclásica denomina “Ley de los rendimientos marginales decrecientes”: la misma indica que a medida que se van adicionando más recursos a una unidad productiva la producción tiende a crecer menos que proporcionalmente. En concreto, lo que significa esto es que a medida que se adiciona más personal a una unidad productiva “X” para brindar un servicio/producto “Y” los rendimientos (en definitiva, la eficiencia), tienden a decrecer.
Quienes pregonan la “… baja del costo del Estado…” no están otra cosa que gritando “despidan todo el personal excedentario del Estado (mencionamos necesariamente al personal ya que es el rubro en que el Estado gasta significativamente más).
Los uruguayos nos caracterizamos por ser excelentes Directores Técnicos, pero esta pelota hay que jugarla en la cancha y no limitarse a gritar órdenes desde la tribuna.
Por mi parte, y como ciudadano de este bendito país, la recomendación es que una “jugada” como la que pide la “tribuna” deberá ser lo más estudiada posible antes de realizar cualquier movimiento, pues más allá de la dificultosa absorción que el mercado pueda hacer de parte de esta mano de obra, que sin lugar a dudas será excedentaria hasta para la mismísima economía en su conjunto (¿dónde se re-emplea una persona que lo único que hizo en su horario laboral en los últimos 20 años fue trasladar un expediente de un lado a otro, a espaldas de todo lo que moderna teoría y práctica empresarial predica?), debemos tener especial cuidado con el destino de estos desempleados en caso de que pase lo que todos prevemos: que no encuentren sitio dónde trabajar, y lo que es peor, que en caso que lo encuentren sean despedidos apenas muestren sus “dotes” y “experiencia” logradas luego de sus “esforzados” años en la Administración Pública. Las consecuencias de ello son impredecibles y, en muchos casos, indeseables.
Haga la prueba: quién más, quién menos, todos tenemos algún familiar conocido que está empleado en el aparato estatal Cuanto mayor la antigüedad mayor será la dificultad para responder la siguiente pregunta que Ud. le formulará: ¿que haces si te echan de tu empleo?
Amén de todos los escollos político-institucionales que deberá sortear de antemano cualquier receta que se intente practicar en el terreno de “downsizing” deberá necesariamente pasar por la ejecución de programas de capacitación al personal despedido, re-direccionamiento de fondos previstos para indemnizaciones por despido hacia la promoción de ex-funcionarios públicos convertidos en una suerte de empresarios emprendedores y, para evitar consecuencias indeseables en lo social, un calificado staff de psicólogos para que atiendan y entiendan a aquella persona que durante mucho tiempo obtuvo tanto por tan poco.
Dr. Luis
Alberto Brotos