AHORA LAS
PROPUESTAS DESPUES LOS CANDIDATOS
Aparentemente existe un marcado inicio de la carrera electoral en filas de nuestro Partido Nacional.
Lanzamientos
sectoriales, inauguraciones de sedes centrales y propuestas de alto impacto en
la opinión publica son las bienvenidas pruebas de que los blancos comenzamos a
mirar de reojo el año 2004.
Sabido
es que nuestras primarias serán las más apetecibles para el público en general
y la prensa en particular, dado el imponente predominio de las figuras del Dr.
Tabare Vázquez y Julio María Sanguinetti en sus respectivas fuerzas políticas,
lo que explica fielmente el tempranero ensille de aquellos distinguidos
compañeros que con toda legitimidad utilizan sus aciertos en procura de representar la opinión
nacionalista.
Este
juego de cálculos y acuerdos se torna apasionante para aquellos bien entendidos
fanáticos de la militancia partidaria
que un día tras otro se ilusionan con sinergias y simbiosis sectoriales que
culminen con la supuesta hegemonía actual y de paso firme a estilos y
personalidades renovadas que coincidan con el correr del nuevo siglo.
Pero
esta pasión que brota en el seno de nuestros comités partidarios es inversa y
geométricamente contraria a lo que se
palpita en la apabullante mayoría de nuestros compatriotas, que procuran
consetudinariamente las respuestas a la
sumatoria de problemas acontecidos fundamentalmente durante el año pasado, y
exigen al sistema político la inmediatez en la solución al abrupto
sinceramiento económico y social ocurrido en unos pocos meses.
Arriba
de la mesa se sobreponen los diagnósticos; los economistas demuestran su
increíble versatilidad y en la mayoría de los casos la magnitud de las
dificultades superan las posibilidades certeras de una solución de corto plazo.
Con
este panorama por delante es que creemos que nuestro mayor aporte como
movimiento político es ofrecer a nuestra ciudadanía las propuestas y la visión
de país que creemos convenientes para hacer del Uruguay de la post crisis una
nación en crecimiento y sin exclusiones.
Este
es nuestro punto de partida, conscientes y participes de las pasiones de la
contienda electoral, pero extremadamente exigentes en nuestra honestidad
intelectual a la hora de la puesta en marcha de nuestras ideas.
Esperamos
con entusiasmo llevar adelante este proceso, que resulte fecundo en el debate
de opiniones y que al culminar ofrezca la solvencia propia del intercambio y de
los consensos, y que auguren el natural
surgimiento de los diferentes representantes que en un Partido abierto y libre
no deben estar acotados a una conveniencia electoral.
No
nos importa que estos compañeros sean dos, cuatro o veinte, siempre y cuando
sean fieles intérpretes de las necesidades de la hora, obedeciendo el clamor de
fortalecer con propuestas a nuestra democracia y devolviendo por ende el
orgullo de aquellos que desarrollamos la actividad política como vocación.
Comencemos
ya
Sebastián
Da Silva