DE NOCHE EN POCITOS

 

Recientemente y ante las quejas de los vecinos por los ruidos y daños ocasionados por los jóvenes en las inmediaciones de algunos locales nocturnos el Ministerio del Interior resolvió aplicar un decreto del año 1980 que le confiere la potestad de clausurar a los boliches en los cuales se generen disturbios en su puerta.

 

Las reacciones por parte de los vecinos fueron de satisfacción ante la medida de clausurar la discoteca Mariachi.

Sin abrir un juicio de valor sobre dicho establecimiento parece ingenuo e iluso pensar que con la clausura se solucionan todos los problemas, porque los jóvenes que se congregaban en las inmediaciones de Pereyra y Gestido difícilmente se queden en sus casas a ver “Sábados de Cine” y acudirán a algún otro local en la misma zona.

 

Resulta difícil de comprender la responsabilidad que se les pretende atribuir a los propietarios de los establecimientos sobre lo que sucede en la vía pública. En todo caso abría que actuar con vehemencia cuando se incumple alguna de las reglamentaciones que rigen sobre este tipo de locales y vigilar el estricto cumplimiento de la prohibición de vender bebidas alcohólicas en los minimercados después de la medianoche.

 

La súplica de los vecinos es absolutamente entendible. Sin embargo las soluciones deben pasar por el entendimiento de todos quienes tienen alguna participación en el caso para poder conciliar los intereses que aunque parezcan antagónicos, deberían poder convivir sin mayores dificultades si cada uno cumpliera con su rol.

 

En el marco de la sucesión de denuncias y apariciones en los medios, algún vecino sugirió la posibilidad de crear una “zona de exclusión” para que los jóvenes tengan su lugar de recreación. Esto resulta inadmisible.

 

¿Desde cuando la sociedad uruguaya que siempre se vanagloria de su capacidad de integración social pretende excluir a los jóvenes por el solo hecho de pretender divertirse?

¿Acaso la posibilidad de que convivan los establecimientos nocturnos con las zonas residenciales no debería pasar por una cuestión de respeto mutuo?

 

Este es el punto en que debemos trabajar mancomunadamente para que los jóvenes puedan salir a divertirse sin sentirse marginados y los vecinos puedan disfrutar del merecido descanso nocturno.

 

  

Martín Fernández