Otra vez o nunca más

 

 

La tentación de reflexionar sobre el NUNCA MÁS es inevitable.

 

Cuando el Presidente de la República lanzó esta idea de NUNCA MÁS, tuvimos más dudas que certezas, pero abrimos una luz de ESPERANZA.

 

Dejando de lado las valoraciones sobre el peso específico del énfasis en las condenas a las formas de terrorismo y a las interpretaciones que cada cual tiene derecho a hacer en su intimidad, nos fue sorprendiendo el grado de adhesión política que fue adquiriendo la convocatoria presidencial entre la dirigencia de todos los partidos. Es por eso que aumentó nuestra esperanza.

 

Sin embargo debemos notar que figuras de peso político indudable, aunque menguado  aparentemente su prestigio e incidencia en las decisiones de los partidos y del gobierno, no concurrieron a la convocatoria presidencial. También debemos señalar que a pesar de las intenciones del gobierno y de la concurrencia de varios dirigentes políticos, los actos no contaron con la adhesión de la masa ciudadana. ¿Será que la ciudadanía siguió la línea de los dirigentes ausentes? O ¿será que esos dirigentes ausentes, con gran olfato y experiencia, interpretaron el sentir e intención de esa gran masa ciudadana? Cada cual interpretará como quiera, pero lo cierto es que se trató de un acto de adhesión casi nula de ciudadana.

 

Por otra parte, hubo sectores y dirigentes radicales que no solamente no adhirieron a la convocatoria presidencial, sino que programaron una manifestación popular para el mismo día.

 

¿Y qué sucedió? Todos lo vimos y no necesitamos explicaciones.

 

Hubo hechos que sucedieron OTRA VEZ, porque hay quienes interpretan que el NUNCA MÁS es una patente de corso para la violencia, ¿o qué es llevar ruedas de auto para prender fuego en 18 de Julio y Eduardo Acevedo, y bombas de pintura para arrojar en la fachada del Círculo Militar? ¿O cómo creen los jóvenes y los no tan jóvenes que empezó la espiral de violencia cuarenta años atrás? No tengan dudas que así empezó todo no hace tanto, y tampoco haya dudas que la violencia no engendra sino violencia, y que la violencia siempre lleva una espiral ascendente.

 

Ciudadanos de bien, reflexionemos! Que no nos atrape el pasado. Que las minorías no nos envuelvan OTRA VEZ. Queremos en serio un NUNCA MÁS.

 

Me veo tentado a preguntarme: ¿No será que en lugar de otorgar reparaciones a los menos, (o a sus familiares), sean los violentos los que tienen que ofrecernos reparaciones a los más? O ¿no somos los más quienes nos sentimos atrapados y prisioneros de los violentos? Sí de esos violentos que dicen interpretarnos, pero nos destruyen.

 

Aristóteles decía en su Teoría de la Justicia: “Las leyes, siempre que estatuyen algo, tienen por objeto favorecer el interés general, de todos los ciudadanos,....Por consiguiente, podemos decir en cierto sentido que las leyes son justas cuando crean o conservan para la asociación política el bienestar, o sólo algunos elementos de bienestar. La ley va más lejos aún, ordena actos de valor... También ordena actos de prudencia y de templanza...Ordena actos de dulzura... La ley extiende igualmente su imperio sobre todas las demás virtudes, sobre todos los vicios, prescribiendo unas acciones y prohibiendo otras; con razón, cuando la ley ha sido racionalmente hecha; sin razón, cuando ha sido improvisada con poca reflexión.”

 

El país todo hizo un esfuerzo para la pacificación, con concesiones y renunciamientos. Atendió a las mayorías y contempló a las minorías. Se aprobaron las leyes Amnistía para presos políticos y presos comunes en marzo de 1985, y luego la ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, respecto a militares que cumpliendo órdenes, cometieron excesos en la represión de los guerrilleros.

 

Esas leyes fueron ratificadas implícitamente las primeras y explícitamente la última por la ciudadanía en mayoría en votación libre y popular. No cabe duda que se ratificaron en la línea del pensamiento de Aristóteles.

 

Pero los partidarios del OTRA VEZ, no reconocen la voluntad popular.

 

Peor aún, no sólo buscan la verdad, buscan culpables. ¿Para qué? ¿Para vengarse?

 

A pesar de todo, nuestro sistema de Justicia tiene como fundamento la corrección del delincuente y la prevención de los delitos, no en la venganza, no la revancha.

 

Si alguien quiere otra cosa, no lo podrá encontrar en nuestras Leyes ni en nuestra

Justicia, pero podrá  remontarse al pasado y leer el código de Hammurabi, que establece: Ley 196: Si un hombre libre vació el ojo de un hijo de hombre libre, se vaciará su ojo.

 

Ley 200: Si un hombre libre arrancó un diente a otro hombre libre, su igual, se le arrancará su diente

 

Quien lucha por los más altos ideales de la comunidad alcanza por ello el más alto sitial, y si en su lucha cae, otros lo glorificarán. Vaya si lo sabemos con Aparicio Saravia y tantos otros anónimos que cayeron en la lucha por la Libertad. ¿o es que debemos ahora empezar a averiguar de quién partió la bala que a todos nos mató algo? ¿O debemos buscar venganza en los hijos del asesino?

 

Para esos violentos, ¿es importante la bala que mató al Che Guevara? O ¿lo importante son los ideales que lo impulsaron en su lucha? Entonces, ¿es importante saber quién mató o dio la orden de matar a los caídos hace cuarenta años? O ¿lo importante es recordar porqué lucharon y porqué murieron?  Según demos relevancia a una u otra pregunta se agrandará o  achicará la figura de los caídos en aquella lucha fratricida.

 

Finalmente, no podemos dejar que los acontecimientos de ayer nos hagan pasar por alto que el 19 de junio es y siempre será la magna fecha que nos recuerde al mejor de los Orientales,  el General José Artigas. El ciudadano lo sabe.

 

 

 

Carlos M. Cobas