Uruguay
tiene problemas en lo social. Una injusta estructura de la distribución del
ingreso y la hecatombe económica del 2002 han sumido en la pobreza a cientos de
miles de compatriotas.
Con
este panorama, todos acordamos en que es necesario un esfuerzo colectivo para
atender el problema; pero lamentablemente, el gobierno equivoco el camino.
El Ministerio de Desarrollo Social, especialmente creado para atender el asunto, fue definido como un ámbito de coordinación de las políticas sociales del Estado.
Esa
nueva cartera fue la elegida para implementar el llamado “Programa de Atención
Nacional a la Emergencia Social” (Panes).
En
ese contexto, la administración se planteo el objetivo de erradicar la
indigencia en un plazo de 24 meses.
Para
ello dispuso la erogación de cien millones de dólares, además de lo que por
distintas vías y organismos, el Uruguay destina a las diferentes políticas
sociales.
En
estos días, la Ministra de Desarrollo Social, anunció que el plan se extenderá
por un periodo mayor al presupuestado. Tal como lo denunciamos oportunamente,
el gobierno pretende hacer perdurar más allá de lo comprometido, un instrumento
que a esta altura podemos considerar como notoriamente ineficaz.
El
error se dio desde un principio. No se puede pretender resolver un
problema estructural con una política
asistencialista ce corto plazo de este tipo.
Así,
se están malgastando cien millones de dólares.
Una
cifra de ese porte, volcada a otro tipo de herramientas que tuviesen como
objetivo inmediato el generar trabajo para los más sumergidos, hubiese tenido
otro resultado.
Hoy
se anuncia que en una segunda etapa se van a propiciar políticas sociales para
desarrollar proyectos productivos, cooperativas e iniciativas de tipo local.
Ese
debería de haber sido el primer paso a dar.
Por
la vía del desarrollo de la micro y pequeña empresa, con créditos blandos, y
aun subsidios a su constitución, estaríamos hoy ante un panorama muy diferente.
Los
más desposeídos reclaman un trabajo digno y legitimo. Paradojalmete, ni
siquiera ellos parecen estar satisfechos con el resultado del Plan.
El
diseño fue equivocado, pero además, el programa se hundió en la burocracia y el
sectarismo político del gobierno.
Desde
el Partido Nacional, reclamamos una y otra vez, que se procurara coordinar
desde el Ministerio de Desarrollo, las distintas políticas sociales a cargo de
del gobierno nacional, los departamentales y todo otro tipo de institución, lo
que lamentablemente no fue tomado en cuenta. Asi, casi emblemáticamente, el
Instituto Nacional de Alimentación, sigue en la orbita del Ministerio de
Trabajo. Ni siquiera se supo implementar una
imprescindible racionalizacion de responsabilidades superpuestas que
evidentemente atentan contra una eficaz aplicación de recursos.
Es
grave que se estén malgastando cien millones de dólares, pero peor aun, lo es
que el problema de fondo siga sin ser atendido.
El
Gobierno se refugió en su mayoría parlamentaria, para sacar adelante una
iniciativa en la que no hemos tenido arte ni parte ,a la que sin embargo le
deseábamos mas suerte.
Los
cerca de 100 mil uruguayos que viven en la indigencia, no ven un horizonte
auspicioso, tan solo tienen la esperanza de seguir recibiendo los mil
trescientos pesos por mes que el gobierno les da para mantener sus familias.
Alvaro
Alonso