Por blanco, por demócrata, por responsabilidad
Corría el año 1982, en mis
oídos comenzaban a tener otro sentido
palabras como “Partido”, “blancos”, “colorados”, “dictadura”, “izquierda”,
“FA”, ese fin de año me encontró entre una reunión de amigos hablando de política
cuando a nuestra edad deberíamos estar pensando en playa, fútbol y alguna otra
trivialidad escolar. 1983 me encontró de lleno en los movimientos
estudiantiles, aun en un halo de clandestinidad. Vaya uno a saber por qué no se
me había ocurrido preguntarle a mis padres que preferencias políticas tenían,
grata sorpresa cuando supe que eran blancos y Wilsonistas,
no por que yo tuviera en claro ya a esa altura que era, pero tenía claro si que
me sentía plenamente demócrata.
Corría 1984 y fue entonces que
mi padre me acercó al primer club político que pisé, una enorme foto de Wilson
me recibió, otros caudillos lo flanqueaban, al fondo...taba y tinto, al frente ...tortas fritas y mate.
Es así que puedo decir que
al “Partido” me acercó mi padre, pero blanco me hice por convicción. ¡Cómo no
ser blanco si tenemos a un Aparicio!, ¡cómo no ser blanco si no hubo
compatriotas mas desplazados y proscriptos en la historia que nosotros los
blancos!, y no me vengan los modernos “sufrientes” a hablarnos de proscripción
o persecución por que de eso sabemos y mucho. Sangre y la
muchas vidas nos costaron darle al país elecciones libres y democráticas, una
Universidad gratuita, un verdadero país productivo y tantas otras cosas.
Ausentes de los libros de historia por mucho, cada página allí nos ha
costado largas horas de negociación y lucha mansa pero constante. Que “el
abrazo”, que el “pacto”, todo hemos debido de negociarlo, y gracias a la enorme
grandeza e inteligencia de nuestros blancos intelectuales, hemos escritos nuestra
propia literatura para contar las cosas como fueron.
Hoy prolifera la literatura
en ciertas “filas políticas de moda”, del escrito fácil, la del hecho puntual o
trivial hacerlo aristotélica tragedia, por supuesto en la historia muchos sino
todos tenemos hechos realmente crueles que sufrimos, pero me refiero a la
convocatoria “facilista” de historias menudas y
pobres de seres que hoy quieren aparecer como salvadores de la Patria cuando en
realidad quisieron derrumbarla. Un poco de dinero a la bolsa no viene mal y
aprovechado la moda, todo pareciera venderse con cierta facilidad.
La historia nos recuerda que
al país lo construimos los partidos democráticos, en veredas opuestas muchas
veces, pero muchas veces compartiendo metas, “dotores” e “indios”, “pelucones”
y “jazmines”, tal como nos ilustra nuestra música nacionalista.
Podrá contarse de muchas
maneras, pero la grandeza de nuestra gente y de nuestro partido es tanta, que
cada día se hace imposible de ocultar lo que ha construido cada blanco en cada
página de la historia del Uruguay. No se puede no ser blanco!.
El revés no nos es ajeno y
tampoco le tememos, vivimos en un estado fruto de un revés electoral que
pagaremos caro en cinco años, pero ceñido a la democrática elección del pueblo
soberano, el Partido no abandona la cancha y paso a paso apuntala un país que
se cae a pedazos en cada rincón de cada oficina gubernamental de manos de las
metidas de pata, la inexperiencia y la ignorancia involuntaria muchas veces de
quienes hoy se han hecho de una batuta que no tienen la menor idea como mover.
Improvisando y haciendo de
ventrílocuo, se mandan al frente de los medios a los muñecos con los apuntes de
qué decir y que no, se presiona a la prensa para pintar colores que no existen
en el cielo y que poco a poco se comienzan a desteñir.
¿Encuestas?, ¡que me pueden
decir de encuestas!, las de un Uruguay que parece terminar en el Santa Lucía o
en las ciudades de más de 5000 habitantes, encuestas que salen a frenar las
otras encuestas que marcan una caída lenta pero inevitable.
Hemos superados
negativamente todos los indicadores que se prometieron derribar, desde la
corrupción al desempleo (que sigue firme). Los únicos indicadores que muestran
alguna estabilidad son los que la administración anterior implementó. Ninguna,
ninguna de las políticas de gobierno implementadas por la actual administración
ha resultado bien, ninguna se ha reflejado en los bolsillos de la gente y peor
aun, la mayoría han sido un circo propagandístico que ha salido mal. Por que además
de parecer hay que ser, por que nuestro pueblo no es tonto y tampoco
olvidadizo, hoy quienes tienen copias de los “cuentos de ciencia-ficción” que
se repartieron en la campaña ya no saben como esconderlo en las bibliotecas de
la casa para que cuando se juntan a comer un asado con amigos, estos no lo
descubran y comiencen los “por qué?” y los “que pasó con...”
¿Ud.
quiere más tiempo?, pues bien, tiene cinco años, cuando crea que es momento de
reflexionar y comparar lo prometido y lo hecho, nos avisa y se da una vuelta
por el Partido que siempre está de puerta abierta sin importar el color del
pelo. Desde ya le hemos adelantado mucho de promesas rotas, mucho de mentira y
mucho de lo que parece ser epidemia gubernamental, el ..”yo
no fui”, “yo no dije eso”, “lea bien, allí no dice que...”
Le pregunto finalmente, ¿le
costó mucho sacar los autoadhesivos del auto?, ¿se le descoloreó
la bandera del techo?, déjela!, con el tiempo le queda
“blanca”. ¿Se quedó con ganas de
escuchar algún tema de turno?, vea Ud. que hay una
proliferación de embarradas tal, que cada semana me resulta más difícil elegir por donde encarar la
escritura.
Venga!, arrímese!. Converse con la juventud, conozca los espíritus de esta gurisada o con nuestros representantes, vea como cada día
construimos una pieza más del país, piezas que el gobierno tiene desparramadas
y no sabe como juntarlas.
No le pedimos que se haga
nacionalista, solo que sepa por qué nosotros si lo somos, por que cada día estamos
más orgullosos de ser buenos blancos, por qué mientras otros acomodan el cuerpo
para parecerse, nosotros sí somos la fuerza más democrática del paisito. ¡Viva
el Partido Nacional!