LA METAMORFOSIS DE MARGARITA

 

 

Las letras de los tangos, especialmente los gardelianos, son ricos en la representación de lo cotidiano con un fabuloso poder de síntesis.

 

Uno de ellos habla de la decadencia de una dama que habiendo perdido sus encantos se hace merecedora del desprecio del autor de la letra con un sencillo y efectivo juego de palabras.

 

“Ya no sos mi Margarita, ahora te dicen Margó” expresa la pérdida de vaya a saber que virtudes por parte de la destinataria de tan venenoso y certero dardo.

 

Cuando en la Cámara de Representantes se trató la autorización a la Armada Nacional para participar de la operación Unitas, recurrimos a esta letra de tango para señalar el inescrupuloso cambio de actitud del Frente Amplio. El que por más de treinta años, se despachó con todo tipo de acusaciones de sumisión al imperio, refiriéndose a la pérdida de soberanía y otros lugares comunes de su “manual del perfecto contra”, el que al pie de la letra fue una y otra vez recitado en todo tipo de ocasión.

 

Lo mismo se ofrece a lo largo de todo el menú del gobierno: En política económica y monetaria, en el tipo de relacionamiento con los organismos multilaterales de crédito, en materia salarial de los funcionarios públicos, especialmente los médicos, los maestros y los policías, y sigue la lista.

 

Se podrá decir que, en el fondo, es bueno que sigan determinada línea de moderación en la continuidad. Es cierto. Lo que de todas formas no convalida un travestismo político tan flagrante como poco ético.

 

Haciendo un esfuerzo para no criticar todo, a veces es bueno reconocer que algunas cosas no han cambiado en absoluto. Los únicos que han cambiado son los que hacen lo que no prometieron, y además no hacen nada nuevo.

 

Los cambios, a veces son necesarios, no siempre.

 

Hay que tener cuidado que la dama de mirada subyugante no se transforme, con tanta velocidad, en la patética representación de lo decadentemente bizarro. Pero rompiendo todos los pronósticos ya lo consiguieron:

 

Ya no son mi Margarita, ahora les dicen Margó.

 

Alvaro Alonso