Reacción Nacional
A medida que se acercan los comicios del próximo 8 de Mayo,
los mismos adquieren mayor trascendencia. Esta segunda convocatoria a la
ciudadanía para dirimir los destinos de los gobiernos comunales está como nunca
enmarcada en un contexto tanto nuevo como peligroso dado por este nuevo estílo de gobernar. La obsesión del Gobierno del Frente
Amplio de comprarse un problema todas las semanas tuvo esta semana como
protagonista al propio Presidente de la República que en un hecho absolutamente
inédito, no solo en la historia nacional sino que para cualquier manual de
ciencia política elemental, voló los puentes de cualquier tipo de entendimiento
al pretender ultimar al Partido Nacional en cadena pública y con claque incluido.
Obviamente las consecuencias de estos gestos se medirán en
el correr de los años que le quedan a esta Administración, pero indudablemente
por más sentido constructivo que los blancos le pongamos a la cosa, algo hecho
reiteradamente en estos sesenta días de gobierno frentista,
el discurso de Zapican marca un antes y un después en
el sistema político nacional y ningún uruguayo debería de estar contento con
esto.
El proverbio popular de pan para hoy y hambre para mañana se
aplica a la perfección para estos gestos que no valoran debidamente la
reiterada disposición de ofrecer a este país una tregua política de tres años
como el Partido Nacional se comprometió desde la noche misma del 31 de Octubre,
optando en forma unilateral por el camino tan penoso de fracturar la sociedad
en mitades a tan solo dos meses de comenzar el mandato.
La responsabilidad es indivisible. Hoy como ayer, como
anteayer y como siempre recae en quienes la ciudadanía le otorgó las riendas de
conducir a nuestra Nación.
Alejados de cualquier sentimiento de resignación, los
uruguayos tenemos por imperio de lo que marca la Constitución esta nueva
oportunidad de devolvernos a nosotros mismos el saludable sendero de distribuir
los espacios de poder y anteponernos a esta intención manifiesta de acumulación
infinita a la que se nos quiere someter.
En solo diez días podemos gestar una reacción nacional,
logrando que las urnas dictaminen un mapa político equilibrado, donde se ponga
freno a la visión única de los problemas nacionales y en donde las prioridades
locales no sean fijadas desde el Edificio Libertad.
El próximo 8 de Mayo la decisión no debe pasar solo por las virtudes propias
de candidato a Intendente que vaya que son importantes, por su honestidad
intelectual y moral que vaya que distinguen a la mayoría de nuestros
postulantes, por la capacidad de gestión que vaya que caracterizan a las
Comunas nacionalistas sino que el ciudadano indeciso deberá incorporar también
a su decisión el tipo de país que quiere para los próximos cuatro años y diez
meses.
Si quiere refrendar con su voluntad, la ideología imperante,
esta que llega a los extremos de colocar al nuevo Papa a la altura de Hitler
desde sus medios de prensa, que vote con tranquilidad a los candidatos del
Frente Amplio.
Si por el contrario considera que los controles son
necesarios, que la acumulación de poder es peligrosa en si misma, que el
Uruguay es de todos y no le pertenence a
ninguna fuerza política en exclusividad, que afirme estos preceptos
republicanos votando a los candidatos del Partido Nacional que son en la
mayoría de los departamentos los únicos que están en condiciones de equilibrar
la balanza de poder.
José
Gervasio Artigas, tratando de exaltar nuestra orientalidad nos enseñó que no se
puede esperar nada sino de nosotros mismos.
Es
hora que le hagamos caso reaccionando ahora que todavía se puede.