LECCIÓN DE RESPONSABILIDAD

                                                            

El Partido Nacional viene de dar una categórica lección de responsabilidad y compromiso y se encamina vigoroso hacia la asunción de la más alta dignidad: Ser Gobierno.

 

No es la primera ni será la última vez que el Partido emerge como fuerza incontenible, sustentada por la voluntad popular.  Hablan de su tradición de civismo y sensatez tanto la historia como sus propias conductas y estas aristas se agigantan y adquieren dimesión protagónica, precisamente cuando el país atraviesa situaciones de dificultad extrema.  Mas en particular cuando las soluciones no se ven con la misma claridad que los riesgos.

 

No ha sido necesario ser gobierno para demostrar lealtad ala patria.  Como tampoco ha sido necesario concentrar el poder para incidir activamente en la búsqueda de caminos más eficientes que conduzcan al logro de las soluciones adecuadas, equitativas y fundamentalmente realistas.

 

El Partido Nacional jamás caminó a la vera de la historia.  Se incrustó en ella y contribuyó con hidalguía a construirla.  Jamás a deformarla y mucho menos a caricaturizarla.  Y lo hizo sin miedos, sin cálculos de réditos, sin temor a desnudar sus fuerzas como tampoco sus debilidades.

 

Se entregó de lleno, con fervor y anteponiendo el supremo interés nacional a cualquier otro tipo de interés subalterno o demagógico.  No supo de escondidas en conciliábulos herméticos ni de estrategias electoreras para ver si el discurso había que “tirarlo” al centro, a la derecha o a la izquierda.

 

Nunca dudamos ni mentimos en cuanto a la deuda externa, nunca vacilamos en la defensa del patrimonio ni del interés nacional, nunca le preguntamos a nadie que hacer porque la defensa del país nace con el partido mismo y es la raíz de su existencia.

 

Por eso es que no tomamos clases particulares, sino que rendimos examen ante un solo tribunal y ese es el veredicto del pueblo.

 

Resulta inequívocamente claro que estamos al borde de ser gobierno y esa certeza que todos los nacionalistas llevamos dentro nos obliga a redoblar el trabajo de aquí a octubre.  Con la misma sensatez y equilibrio con la que llegamos a la instancia de junio.  Porque la lección fue el resultado de la madurez cívica en la más sabia conjugación con la capacidad de interpretar y sentir de nuestra dirigencia.  Esa que creamos y esa que tendrá a su cargo la irrenunciable responsabilidad de crear un país con “dignidad arriba y regocijo abajo”.

 

Julio Gabriel Elías