Aparecieron
las primeras encuestas a posteriori de las elecciones internas.
Después
de un pronunciamiento rotundo de mas de un millón de
uruguayos, los primeros sondeos de opinión pública pretenden regresar a un
estado de situación anterior a Junio. De los nuevos datos aparece el Encuentro
Progresista Frente Amplio con guarismos del entorno del 47 %, y se consolida el
crecimiento del Partido Nacional con una expansión geométrica si lo medimos
desde inicios de año. Los blancos hemos pasado de un efímero 15 % al 30% del
padrón electoral en solo cinco meses, y con un apronte de Junio en donde
empatamos técnicamente con la izquierda.
Por
último y para culminar un análisis primario, resta observar la constante caída
de adhesiones hacia el Partido Colorado, hoy en el entorno del 12% que por los
acontecimientos políticos de la confección de sus listas al Senado, pareciera
no tener vuelta atrás.
Con
este panorama se inicia la campaña electoral, con un escenario de balotaje
anticipado y desespero por parte de la izquierda por el avance del Partido
Nacional, que ya le demostró su capacidad de dar batacazos inesperados.
El
quid de la cuestión pasa todo por discernir con claridad que piensan esos más
de cien mil compatriotas que no expresan su decisión partidaria o no tienen
decidido a cual partido acompañar.
Si
tomamos en cuenta que las mediciones no discriminan entre los indecisos y lo
que habiendo decidido no se lo dicen al encuestador, podemos hacer una primera
distinción: el ciudadano que no expresa su voluntad en una encuesta estando
decidido a quien votar no es del Frente Amplio. A esta conclusión se llega
tomando en cuenta que el voto izquierdista es más que manifiesto, inclusive el
de aquellos que votan por primera vez al Frente. Nada hace pensar que alguien
con intenciones de votar al Dr. Vázquez no lo manifieste, todo lo contrario.
El
otro segmento que no aparece como decidido es el verdadero indeciso, es una
sumatoria de ciudadanos desencantados
con el sistema político en su conjunto y, de ciudadanos ávidos de ser
convencidos por propuestas que lo cautiven.
En
ambos extremos surgen las fortalezas del Partido Nacional. Al desencantado se
le abre una puerta para el cambio real, aquel que no sé perpetua en los
sillones parlamentarios por decenas de años y que quiere erradicar de raíz
todas las chicanas de falsas oposiciones promovidas por décadas entre Izquierda
y Derecha.
Y
al que espera ser convencido, tendrá dentro de ese menú la mejor carta de
presentación que pueda presentar Partido alguno, la de su coherencia y la de su
renovación.
Coherencia,
porque no espera que se acerquen los tiempos electorales para hacer una
voltereta que le dé la espalda a todo lo que han pregonado con insistencia, y
renovación porque ofrece una posibilidad real de colocar a una nueva generación
en la primera magistratura y a un conjunto de hombres y mujeres nuevos y
modernos para conducir los destinos del Uruguay en el siglo veintiuno.
Por
tanto, los datos reflejados en las encuestas, lejos de amedrentarnos, nos
estimulan a seguir por nuestro camino, sin ataques, sin maquillajes, con
trasparencia y sin la demagogia irrespetuosa que pretende hacer olvidar lo
dicho y hecho en los últimos veinte años.