El fin de la convivencia

 

Durante años el Uruguay se caracterizó por tener un estilo de vida apacible, en la acepción de la Real Academia Española que dice: “carente de brusquedad ó violencia”, donde el precepto de que el derecho de uno empieza donde termina el de los demás era la norma, hoy todo eso se ve derrumbado ó en el mejor de los casos en entredicho.

 

Estamos asistiendo a diario a expresiones de intolerancia y avasallamiento de los derechos generales en aras de los reclamos particulares.

 

El Estado debería ser el garante de este sistema de tolerancia y respeto, pero vemos asombrados como desde el Poder Ejecutivo todos los días se toman medidas ó se derogan normas que regulaban esta convivencia ordenada dentro del Estado de Derecho, para encauzar paulatinamente a la sociedad por el camino de la intolerancia y la violencia.

 

Los ejemplos son varios, relatemos algunos.

 

Se deroga la norma por la cual el Ministerio del Interior podía desalojar la propiedad privada de los trabajadores que pretendieran ocuparla, se deroga en aras del derecho de huelga, pero se olvida el derecho a la propiedad y el derecho al trabajo que legítimamente pudieran esgrimir otros trabajadores que no estuvieran en acuerdo con la medida y quisieran seguir con sus tareas.

 

Se permite a los estudiantes ocupar los centros de estudios derogando una disposición que sancionaba esto con la pérdida de la calidad de estudiante; el razonamiento es similar al anterior sí bien los liceos públicos no son de particulares: el derecho a seguir estudiando de los otros alumnos queda violentado por algunos, siempre una minoría militante que se arroga la representatividad usurpada a sus otros compañeros.

 

El beneplácito ante los piquetes, que con reclamos que pueden ser muy justos y en la mayoría de los casos lo son, dado que muchos obedecen a la negligencia del gobierno en instrumentar el Plan de Emergencia y a las promesas fáciles incumplidas hechas durante décadas de irresponsabilidad política (léase entre otras Ley de Suspensión de Ejecuciones).

 

Estos últimos actos de avasallamiento del interés general (libre circulación en la vía pública, poder llegar a su casa, poder tomar el ómnibus en el lugar habitual y en tiempo y forma, sentirse seguro al transitar las calles, etc.), los piquetes, que al principio fueron tolerados, hoy ya están provocando reacciones en las altas esferas (sí las altas esferas hoy se las puede llamar sin temor a equivocarse reaccionarias).

 

El Ministro Mujica trató a los piqueteros y a la gente en general de perros, que al haber estado encadenados y se los suelta, salen despavoridos, pero que luego se tranquilizan; creo que el ejemplo no es muy feliz, pero tampoco acertado, quien conozca algo de perros sabe que luego para volver a aquietar al can esto se hace muy difícil y termina nuevamente con la cadena al cuello.

 

Cabe aclarar que nosotros no pensamos que los uruguayos estuvieran con una cadena al cuello y menos aún que fuesen perros.

 

Pero las expresiones del Ejecutivo Nacional no terminan ahí, el propio Presidente Tabaré Vázquez salió a decir que no se tolerarían desmanes, quienes vivieron otras épocas en el Uruguay, comentaron la similitud con ciertas actitudes del Pachecato y en el ínterin el Sub-secretario del Ministerio del Interior salió a decir que no se permitirían los golpes bajos y que si estos se producen se aplicarán las medidas que estos ameritan, realmente parece ser el único sensato, lástima que pretendan reprimir y no prevenir. Parece que el discurso de hace algunos años se les olvidó.

 

Todo esto es muy preocupante, vemos con preocupación la pérdida de valores fundamentales que hasta hoy rigieron la convivencia entre los uruguayos, como se imponen pautas, aparentemente aceptadas por quienes ostentan hoy el poder, de medidas reñidas  con la vida en sociedad en el mejor de los casos y en el peor con violencia, como fueron las acontecidas en el escrache a la casa del Ministro de la Dictadura Juan Carlos Blanco contra cuatro policías que cumplían con su trabajo y se vieron agredidos desde el anonimato de la patota organizada y tolerada.

 

Verdaderamente no creo que este camino sea fácil de desandar, espero que no termine en el callejón sin salida de una represión Stalinista dura y cruda, de la cual los uruguayos nos sintamos avergonzados por muchos años.

 

Un río luego que se sale de madre es muy difícil encauzarlo sino imposible, esperemos que este gobierno no tenga sobre sus espaldas la responsabilidad de no poder contener lo incontenible, esperemos que el invento no mate al inventor, por que en ello nos va a todos la tranquilidad, la seguridad de los derechos de todos y el futuro de una sociedad que hasta hoy era un ejemplo de cordura y conducta para todo el mundo.

 

Nadia Menéndez