LA SORDERA DEL GOBIERNO

 

Esta claro, el gobierno no quiere escuchar a los que pensamos distinto a ellos.

 

Eso se noto desde un principio. Nada de ser controlados en los Entes y Empresas Públicas. Nada de participación en la toma de decisiones, y además, cuanto menos información se comparta, mejor.

 

El cuadro es aún más grave y peligroso en el Parlamento. Con el argumento de su mayoría, con manos enyesadas , los legisladores del Frente Amplio votan ,sin cambiar ni un punto ni una coma, todo lo que les remiten para su trámite .Si no tienen margen para sus diferencias de enfoque interno, mucho menos lo tienen para escuchar a la oposición.

 

El desprecio por el trabajo del Senado y la Cámara de Representantes, llega a superar todo lo imaginable. Se votan proyectos de ley con una irresponsable velocidad, sin que medie el más mínimo espacio temporal, para llevar adelante un estudio medianamente serio de los asuntos que se consagran.

 

En tiempo récord se crean Ministerios, se crean programas de asistencia por cientos de millones de dólares, se aprueban convenios energéticos (con Venezuela, por supuesto), se cambian las reglas de juego en materia de relaciones laborales, se derogan normas del Código Penal, y se otorga libertad para los presos. Del respeto a la opinión de los demás, nada.

 

De seriedad, ponderación, responsabilidad y equilibrio, menos.

 

Se vota y se vota, echando para adelante su mínima diferencia. Poco interesa lo que defienden quienes representan al 49% de los uruguayos. Es mas, se les desprecia con arrogancia en una demostración de vocación totalitaria muy peligrosa para cualquier gobernante.

 

Tenemos un gobierno sordo, que no quiere escuchar, soberbio y fraccionario.

 

Lejos queda el país de la inclusión, la que falta sin aviso.

 

No se ve  la vocación participativa, salvo la convivencia que se da con el aparato sindical, manifiestamente al servicio del régimen.

 

A esta altura tenemos que asumir que el proceso parece irreversible, al menos en el corto plazo.

 

Quien no quiere escuchar se expone gratuitamente a cometer errores, a equivocar el camino, a elegir mal los instrumentos. Eso, délo por hecho.

 

A esta altura nuestro trabajo en la oposición se resume en una fase que va cobrando fuerza por imperio de la realidad: Tenemos que seguirlos de cerca, marcarles sus fallas, para que al final nos aseguremos que hayan hecho el menor daño posible.

 

En eso estamos.

 

 

Alvaro Alonso