Jugando al limite

 

Esta mega gira o macro rueda de negocios en territorio venezolano anunciadas con bombos y platillos por nuestras autoridades me despierta sentimientos encontrados.

 

Por un lado el lógico apoyo a medidas de estas características promovidas desde las oficinas estatales de auspiciar contactos entre privados que permitan la colocación de nuestros productos y servicios.

 

Si de las casi mil entrevistas prefijadas se lograra concretar una sola operación ya daría merito a las felicitaciones y si por estos mecanismos se lograra destrabar las chicanas más conocidas del mercado venezolano como son las aplicadas a  los productos lácteos el merito sería sin lugar a dudas exclusivo de los promotores de la iniciativa es decir nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores.

 

Igualmente aplaudible es la intención del Gobierno en hacer gestiones para tener combustibles más baratos, es absolutamente inaguantable para los uruguayos los valores de la nafta y el gasoil que comparándolos con los precios de la región son indignantes. En Argentina la nafta súper esta a diecisiete pesos nuestros, tres pesos por debajo que el gasoil en territorio oriental, lo que marca la urgencia con que se debe abordar esta problemática si queremos tener una producción más competitiva y lo equivocado que fue el plebiscito por la asociación de ANCAP.

 

Por tanto esperamos que se repitan estas expediciones comerciales a mercados atractivos con la misma intensidad y jerarquía que la que se desarrolla en Caracas, de forma tal de no dar la razón a algunos de mis temores, que pasan por la preocupación de estar avalando las aventuras del Presidente Chávez en política exterior junto a la peligrosa discrecionalidad con que nuestro Gobierno maneja las escasas oportunidades de inversión que tiene para ofrecer al mundo.

 

Amparados en la utopía latinoamericanista se escucha por estos días que Venezuela realizará grandes inversiones en nuestro país; ochenta millones de dólares para la Refinería de la Teja, la posible asociación con nuestra aerolínea de bandera, la compra de petróleo a cambio de alimentos uruguayos y la participación nacional en un canal de televisión continental.

 

Lo que no se dice es amparados en que normas se harán estas inversiones, si existieron llamados públicos, si los mismos son abiertos, en tal caso si tuvieron la publicidad adecuada y cuales son lo elementos de conveniencia que colocan unívocamente a  estas ofertas de perfecto espíritu “ Bolivariano” por encima de las que ofrecen las demás.

 

Porque no nos confundamos, la corriente comercial con Venezuela es  de apenas treinta millones de dólares anuales, cifra largamente superada por la Industria Frigorífica en sus colocaciones a Estados Unidos en el transcurso de solo un mes, o si lo comparamos con la industria Láctea, solo una empresa exporta seis veces más que todo lo que vendemos  a estos nuevos amigos que pretenden aparecer como los salvadores de la patria.

 

Nuestra realidad es bien distinta y querer modificarla al influjo de cantos de sirena puede tener consecuencias impredecibles que el oficialismo debería ponderar si es que quiere que siga funcionando lo que anda bien.

 

Las señales contradictorias de no dar los votos para un Tratado de Inversiones con Estados Unidos y simultáneamente aplaudir un amansador discurso de un gobernante que le dedica más de dos horas a insultar al gobierno de nuestro mayor socio comercial, son riesgos innecesarios para  un país en crisis.

 

El Uruguay debe velar por sus nacionales, apostar a la calidad de su producción, cuidar sus mercados con inteligencia y por sobre todas las cosas mantener su histórica neutralidad en este mundo cada vez más susceptible.

 

Porque la dignidad de nuestro pueblo no se construye ni con barriles de petróleo ni con consejos antiimperialistas, se construye con una estrategia nacional en donde Venezuela por obvias razones no debería estar dentro de las prioridades.

 

Sebastián da Silva