La elección de las influencias
“(…)
La afirmación de la bondad humana ocupa el centro de fe izquierdista. Sin ella
su vena utópica no podría alentar. El término “progresismo”, que suele
emplearse como sinónimo de “izquierda”, sería inconcebible. Una condición como
el “progreso”, por todos codiciada, ¿cómo podría ser distintiva de un grupo? Si
en la izquierda lo es, no puede sino serlo porque la sociedad, gracias a la
bondad de sus integrantes, está ávida de reformas que le permitan liberarse de
las distorsiones corruptoras de las que habló Rousseau. (…)
También
la misma convicción influye sobre el pensamiento de izquierda sobre
criminología: las cárceles serán prescindibles cuando la educación permita a
los hombres realizar su potencial de bondad. (…) (En) la convicción de que
quienes delinquen son víctimas de la sociedad, y su reclusión penal, por tanto,
injusta. (…)”
Es
para mí, prácticamente, inevitable el basarme en variados autores cuando doy mi
opinión porque, justamente, las ideas que tengo acerca de los diferentes temas
se van conformando a medida que tengo acceso al conocimiento de
distintos
puntos de vista y puedo así decidir cuál es el que más me identifica.
Por
lo dicho es que la columna escrita por Ramón Díaz, en El Observador del 27 del
mes corriente, respecto al optimismo antropológico presentado por J. J.
Rousseau y K. Marx; fue la base ideal para hablar sobre el tema que más me
preocupó en esta semana.
El
lunes 29, el equipo económico del gobierno, debe presentar en el acuerdo
ministerial las cifras más exactas posibles del presupuesto quinquenal, sin
embargo, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto aún está en la búsqueda de
“fórmulas alternativas” para lograr cumplir con los objetivos propuestos,
sobretodo en referencia a la enseñanza.
Es
por demás preocupante que el gobierno ni siquiera se ha puesto de acuerdo en si
el presupuesto del I.N.A.U. estará o no incluido en el de la educación.
Lo
cierto es que para que el gobierno pueda cumplir con su promesa de brindarle un
4,5% del presupuesto quinquenal a la educación, le faltan, aproximadamente, 160
millones de dólares, los que equivalen a un punto porcentual del P.B.I.
promedio para el próximo quinquenio.
Si
bien la gran mayoría de las dependencias del Estado obtendrá un incremento en
el presupuesto previsto para el período 2006 – 2010; el Ministerio de Educación
será uno de los poco que no lo reciba, manteniéndose con un 3,9% del total.
Todo
lo anterior me lleva a preguntarme: ¿Es realmente tan grave la emergencia
social como para solicitar un préstamo de 200 millones de dólares para sanarla
cuando no tenemos el dinero suficiente para invertir en educación?; ¿Tiene el
gobierno tan poca visión de inversión a futuro que prefiere volcar dicho dinero
en un saco sin fondo, como son las personas que reciben el ingreso ciudadano,
que hacerlo en las instituciones de enseñanza, que pueden ser, quizás, las
únicas que cambien el futuro de las personas?.
Tengo
la plena convicción de que sin educación no hay futuro. Ella es la herramienta
primordial con la que contamos para mejorar como personas, como sociedad y,
finalmente, como país en todos sus aspectos.
Temo
pensar que el actual gobierno, en su afán de ser “progresista”, haya tomado al
pie de la letra la lección de sus ideólogos y crea que la educación no es
necesaria para crear “hombres buenos”. Y así, continúe invirtiendo en personas
que cuando se les presenta la oportunidad de inscribirse para acceder a un
trabajo no lo hacen, porque prefieren, y les es más fácil, recibir un ingreso
por no hacer nada. Luego, por no tener para comer, delinquen; pero no importa,
igual serán liberados. Porque, claro, no olvidemos que los hombres son
naturalmente buenos y es la sociedad la que los corrompe.