La sabiduría del tiempo

Alguien dijo alguna vez, “El tiempo es un gentil hombre que pone cada cosa en su justo lugar”, parece descabellado no adherir a esta frase  que en tan pocas palabras define algo tan cierto.

Solamente su inexorable paso hace que tomemos  distancia de los hechos y así poder calibrar los acontecimientos de la forma más objetiva, honesta y desapasionada posible.

Esto es imprescindible en toda circunstancia, pero mucho más cuando de ciertos temas se trata.

1989 fue un año muy especial, no solo para nosotros los blancos ya que ganamos las elecciones, sino para la sociedad en su conjunto pues  una consulta popular daba al mundo un ejemplo de cómo zanjar un asunto que había dividido a los uruguayos durante los oscuros días de la dictadura militar.

Se dejaba firme la ley sobre la” Caducidad de la  pretensión punitiva del Estado”, mediante la cual se pretendía  dar vuelta la página y enfocar todas las energías en el Uruguay del futuro.

Estamos en presencia de un asunto extremadamente complejo y delicado, como tal debe ser tratado. Entramos en un terreno muy espinoso, donde prima la subjetividad y sobretodo los sentimientos de quienes estuvieron  involucrados. Por tal motivo es entendible que las profundas heridas todavía existentes  cuesten cicatrizar y nunca se esté conforme con las respuestas que se puedan llegar a dar, aunque estas sean claras y concluyentes.

Pero también es cierto que las sociedades necesitan mirar para adelante, crecer y aprender de los errores para que hechos tan funestos no vuelvan a suceder.

Parecería que ésta no es la opinión del actual gobierno, quien desde que asumió no ha hecho otra cosa que hablar sobre los desaparecidos, los militares etc.

Como lo único que ha expuesto  la administración Vázquez hasta el momento ha sido un sin fin de contradicciones, disputas internas y demás, trata de demostrar su eficacia al menos en este tema.

Son cosas de todos los días los grandes anuncios sobre el hallazgo de restos óseos y la aparición de supuestos “arrepentidos” que vienen a hacer un “Mea culpa”.

Lamentablemente aún  son solo eso, pues todos los datos aportados son inexactos y las búsquedas en los batallones  y chacras  infructuosas.

Es casi un secreto a voces que este tema tendrá fin el día que sus actores principales ocupen un lugar en los libros de historia, y sean analizados por los que nada tuvieron que ver.

Mientras tanto el gobierno utiliza esto como pantalla, tratando de ocultar su demostrada impericia al frente del Poder Ejecutivo.

La estrategia elegida en este sentido   les ha funcionado, pero no se por cuanto tiempo, ya que todavía es imposible tapar el sol con una mano.

Carlos D Aguirre