En los días pasados se
produjo en la república hermana de Bolivia un hecho que no puede ser pasado por
alto desde estas páginas. Como consecuencia de los reclamos de algunos sectores
políticos y sociales en contra de las decisiones del Presidente Sánchez de
Lozada respecto de la forma de salida del gas natural y su venta, el mandatario
renunció a su cargo siendo sustituido por su Vicepresidente.
El
tema tiene aristas varias que pueden ser motivo de análisis. Tal vez la más
sorprendente de ellas provenga de la constatación de la existencia de riquezas
naturales invaluables en el país más pobre y subdesarrollado de América del
Sur. Un estado de una pobreza extrema que afecta a una parte enorme de su
población, que además se encuentra dividida por grandes diferencias étnicas y
raciales. La región sur, la del llano y Santa Cruz de la Sierra, la más rica en
recursos naturales, mantiene un recelo hacia los habitantes y compatriotas del
norte y centro del país, los del altiplano y la altura, indios en un porcentaje
elevado y considerados por los “Cambas” del sur como una especie de lastre para
el desarrollo del país.
A
esto debe agregarse una fragmentación política muy importante que hizo que en
las últimas elecciones el candidato Sánchez de Losada se impusiera al líder
indígena Evo Morales por una diferencia de menos de un punto porcentual. El
reflejo de este hecho es la trascendencia de una oposición que, de no manejarse
con criterios y parámetros responsables ( hecho que no se produjo en este caso
), puede desestabilizar cualquier gobierno.
Frente a este tipo de
acontecimientos siempre se guarda un lugar para la comparación. El Uruguay,
país con riquezas naturales notoriamente más humildes, ha sabido conservar
desde el punto de vista político una madurez que lo ha transformado en ejemplo
para el mundo. Las crisis se han sufrido y se siguen padeciendo pero si algo
hemos sabido aprender a conservar y
valorar es nuestra paz pública, que transforma a fenómenos como el reseñado
derrocamiento de Sánchez de Losada, en elementos que son totalmente ajenos con
la idiosincrasia del pueblo uruguayo. Somos concientes como nación de la
importancia de las decisiones asumidas con responsabilidad y en libertad,
manifestación de la soberanía de una sociedad. Cualquiera de nuestros partidos
políticos desde la tribuna puede convocar a una turba para desestabilizar
políticamente una nación, pero esto jamás tendría cabida no solo en la
mentalidad de nuestros dirigentes sino en las mentes de nuestros compatriotas.
Es por todo esto que resulta por demás gracioso leer editoriales como el de
Leonardo Grille en la revista “Caras Y Caretas” ( edición 24/10/2003 )
referidas a este mismo tema y en donde el editorialista mencionado le desea al
Presidente Batlle “...el golpe de gracia que lo condene al ostracismo...”,
llamando al pueblo uruguayo a tener una reacción similar al boliviano. Este es
el doble discurso que estamos acostumbrados a escuchar desde la izquierda en
nuestro país que se regodea en derrocamientos de presidentes cuando no
conculcan con sus ideas pero no dudan de tildar de antidemocrática cualquier
manifestación popular que se le haga a Hugo Chávez o a Fidel Castro.
Afortunadamente
estas son solo algunas opiniones aisladas de individuos que evidentemente no
gozan de un estado mental adecuado y que no reflejan el verdadero sentir
popular que está y estará siempre, cualquiera sea el “pelo” de nuestro
gobierno, en la preservación de la paz social y de una democracia sólida y
duradera.