LAS LEYES Y LOS GOBIERNOS

 

En el debate que se esta desarrollando sobre la ley de Ancap, aparece un elemento que lejos de ser accesorio creemos es de primordial importancia: el reconocimiento de cual es el valor de las leyes.

 

El Frente Amplio, a través de sus principales figuras, ha ensayado distintas líneas argumentales sobre el eje de la discusión del referéndum,  algunas de ellas pueden ser compartibles y otras rechazables.

 

Lo novedoso que aparece en estos últimos días, como un peligroso planteo es el del criterio que defiende la relatividad del valor de las leyes, en función de quien este a cargo del gobierno para su aplicación.

 

Dicen que no se oponen a la asociación de la empresa petrolera nacional, sino que lo hacen por entender que este, u otro gobierno que no fuese  hipotéticamente el suyo, podría dar mal uso a la norma legal en discusión.

 

Este es uno de los mayores disparates  que un partido político pueda llegar a defender.

 

Es como si se dijese que la constitución o las leyes vigentes, y por que no los decretos, que en su conjunto completan el marco normativo que nos regula, son de dudosa validez o vigencia en función de quien gane las elecciones, lo que desde todo punto de vista constituye un absurdo.

 

El orden institucional descansa en la plena vigencia de ese marco normativo.

 

Sin seguridad jurídica, no hay futuro posible para ninguna sociedad organizada democráticamente.

 

Nos preocupa este mayúsculo llamado al establecimiento de un desorden institucional como al que se apela desde un planteo imposible y peligroso.

 

Debemos coincidir, sin embargo en que resulta lógico que quienes por la vía de la razón y la argumentación sobre el fondo del asunto, encontrándose  atrapados por sus propios dichos, ensayen desesperadamente este tipo de planteos, como fórmula de escape.

 

La madurez política, no llega solo con el tiempo, se nutre especialmente de las convicciones y la solidez de los valores, los que en este caso brillan por su ausencia.

 

Alvaro Alonso