De la
década del 90 mucho se ha hablado, unos dicen que a diferencia de lo acontecido
en los 80 fue un decenio de sostenido crecimiento, mientras los otros
culpabilizan todos nuestros actuales males por la ruptura de la burbuja forjada
por esos años.
Lo indudable
es que hacia la idiosincrasia nacional permitió que muchos hábitos se
modificaran radicalmente: hoy el uruguayo es un consumidor mucho más exigente y
mucho menos resignado.
Si ese cambio
lo trasladamos a los agentes económicos observamos una modificación similar: la
apertura comercial provocó que nuestro empresariado doméstico se sacara el
miedo de contactarse con el mundo siendo muchos los buenos negocios que
pudieron realizar y siendo la modernización mas que
evidente.
Obvio es decir
que ambos fenómenos fueron provocados por un tipo de cambio fuerte en la región
y más obvio es a partir del inicio del 99 hasta junio del año pasado ese tipo
de cambio se sinceró a la fuerza, con las consecuencias por todos conocidas,
pero nos interesa destacar la actitud de mentes abiertas y entendiendo el
mundo.
Ahora los
uruguayos debemos encontrar similares oportunidades en un contexto económico
que varió 180 grados, pero que como nunca ofrece posibilidades de desarrollo
económico en el corto y mediano plazo y
donde se torna obligatorio no desaprovechar nuestros menguados recursos, máxime
teniendo en cuenta la inexistencia de un sistema financiero que como otrora
colabore con la expansión.
La promoción
de exportaciones debe ser una prioridad, y para que lo prioritario sea
eficiente no podemos como sociedad seguir solventando la friolera de 14
agencias entre estatales y paraestatales que se dediquen a esta tarea,
despilfarrando el enorme potencial humano y la experiencia de sus funcionarios
en una competencia que no unifica ni consolida una estrategia del país hacia el
exterior.
Tenemos un
servicio exterior con cerca de cincuenta representaciones diseminadas en el
mundo entero, donde más que discutir hasta el hartazgo lo mucho o poco que
gasta hay que exigirlo; generando
mecanismos de contralor desde el sector privado para que in situ sé evalúe el
desempeño y el trato que le dan a nuestros emprendedores cuando salen a vender
nuestros productos. Esas evaluaciones
contribuirán a los ascensos de nuestro personal diplomático y no tenemos dudas
modificarán las costumbres de aquellos pocos que empañan con sus actitudes el
desempeño de la Cancillería en su conjunto.
Si queremos
generar una revolución de exportaciones debemos revisar gran parte de nuestra
legislación que, salvo la ley de inversiones y la de zonas francas, no hemos
podido alcanzar los instrumentos legales que con éxito se han desarrollado en
el mundo y la región.
Es obligatorio legislar en materia de joint
ventures, dando beneficios a aquellas empresas extranjeras que desarrollen con
nuestra contraparte nacional algún segmento de su producción.
La calidad y
lo competitivo de nuestra mano de obra, obliga a aprovechar también el
desarrollo de la industria de ensamblaje, fomentando la instalación de
industrias maquiladoras con regímenes similares a los que con éxito se ha
alcanzado tanto en México y América Central como con nuestro cercano Paraguay.
Para que
realmente el flujo de exportaciones permee a toda la sociedad es fundamental
transformar en exportadora a aquellas pequeñas y medianas empresas, para lo
cual es determinante sus asociaciones para lograr un volumen tal que permita
dar seguridad de cumplimiento a nuestros compradores en el exterior.
Para ello
presentamos un proyecto de fomento de los consorcios de exportación que por
unanimidad fue aprobado en la Cámara de Representantes y que de tratarse
rápidamente en el Senado sería una palanca de inicio muy importante para
acceder a mercados de alto poder adquisitivo.
Nuestro país
ha diversificado de tal forma su producción que obliga a verlo por regiones,
cada una de ellas con sus particularidades y necesidades propias, para ello
podemos tomar y legislar acerca del sistema de “clusters”, que son un grupo de
pequeñas empresas con actividades complementarias concentradas en una misma
región que han tenido un éxito y un desarrollo formidable en la expansión
exportadora italiana.
A esta
modernización en lo legal, incorporémosle
una acción integral a lo largo y ancho de la república, capacitando y
concientizando a los nuestros en todo el proceso exportador, desde, el packing,
la logística a la seguridad de los instrumentos bancarios, podemos lograr esa
necesaria inflexión que cambie la actitud y observe con avidez las
oportunidades en el exterior.
Oportunidades éstas que distan mucho de ser
sencillas dado que en la misma dirección están nuestros vecinos que cumplen una
natural condición de aliados y competidores a la vez, a los que tenemos que contemplar con la firmeza y
viveza tal que impida ser tan dependientes como en el pasado defendiendo entonces los intereses nacionales
sin discusiones etéreas que a lo único que lleva es a postergar nuestra ansiada
salida de la crisis.
La
responsabilidad en conjunta, los instrumentos variados y el objetivo es común:
poder a través del trabajo y la producción hacer mas justa a esta sociedad.
Lideremos ese
cambio sin demorarnos más
Sebastián Da Silva