INDUSTRIA DEL
SOFTWARE, EL ORO EN EL BARRO.
La industria del software en la región ha sido objeto de análisis desde hace ya varios años, particularmente Uruguay ha sido puesto en la mira por diversos ojos, desde universidades en todo el mundo hasta potenciales clientes industriales.
Aproximadamente US$ 80 Mill. en exportaciones representan
hoy la próspera industria del software en Uruguay, productos de la gama más
variada inundan mercados de casi una docena de países, desde Argentina, por
supuesto, hasta Méjico y Alemania. Desde productos contable-financieros ha
herramientas tan sofisticadas como el ya mítico Genexus, al cual no le faltan
competidores en la región, Progress entre otros. Pero sumerjámonos en la
materia de fondo más que en marcas y nombres.
Una marcada política hacia la Sociedad de la Información,
agregaría yo: debiera perfilarse hacia una Economía del Conocimiento, ha dado
el soporte necesario para apuntalar el rubro. Un puñado muy reducido de
jugadores en la materia han sido los realmente exitosos y son quienes llevan a
cuestas la responsabilidad de impulsar la industria de lo intangible.
Expertos han vertido sus opiniones en la prensa y libros,
unos hablan de una multiplicación significativa de las exportaciones en los
próximos años y otros han lapidado el enfoque con el cual la industria se
encara, me considero más próximo a los críticos que a los optimistas.
Uruguay posee una de las manos de obra mas codiciadas de
Sudamérica y los profesionales de las TICs no son la excepción, así mismo es
una de las más caras. El talento se refleja en cada emprendimiento y cada
package que sale al mercado fruto del ingenio y desarrollo de ingenieros,
analistas y programadores que, como dice el folklore, desde un “garage” hacen
milagros.
Pero Uruguay está errando el camino, la industria del
software es hoy un juego de mercado basado en productos, productos de excelente
concepción y perfectamente logrados en sus aspectos técnicos, pero que carecen
de tres factores fundamentales para competir a largo plazo en el mundo: 1) la
originalidad, puesto que hoy son productos que se sumergen en mercados ya
saturados de competidores en el mismo rubro y segmento, de un mismo target de
clientes; 2) por otro lado, la industria no ha visto aun el potencial de
servicios (aunque pretenda que si), desde los básicos como la transferencia de
conocimiento y servicios de pre y posventa, al potencial en materia de
consultoría y asesoramiento, tímidos intentos se han hechos en este aspecto; 3) …este punto lo dejo en suspenso para
retomarlo mas adelante.
Desde un punto de vista macro, económica y socialmente, la
industria del software sigue proveyendo mano de obra y ganancias a un reducido
grupo de beneficiarios. Pensemos cuántos desarrolladores son necesarios para
crear y comercializar un producto de software contable y cuantos más podrían
ser necesarios para implementar otra cara de la industria, y llevar adelante
toda una estrategia de brindar servicios de consultoría en la misma materia,
sólo por mencionar otra de las posibilidades. Ofreciendo transferencia de
conocimiento, asesoramiento, vertiendo las experiencias exitosas (best
practices) recogida de una industria en ascenso y líder en la región, ejemplo
hoy y caso de estudio en las más prestigiosas universidades del mundo.
Pero han habido algunos pasos en las dirección correcta,
desde los entes públicos han pasado casi desapercibidas iniciativas que
pretendieron perfilarse apropiadamente, aunque no han sido del todo
convincentes. Por supuesto este punto por sí solo merece un análisis.
Así pues una cosa no quita la otra, pero producto sin
servicio no es un camino duradero para un país pequeño y urgido de exportar
conocimiento. No es posible ni sustentable la venta de paquetes en esta
industria. La industria del software está coja, se ha olvidado de la otra pata
y el encandilamiento provisorio amenaza con dejar ciego al rubro en poco tiempo
si no se corrige el rumbo. Este factor diferencial de servicios vinculados al
producto, gestionando el mismo, más que una mera comercialización, puede hacer
de la industria un polo exportador realmente significativo y perdurable, así
como la impostergable necesidad de imprimir originalidad, sin necesidad de
reinventar la rueda, pero haciendo del ingenio un insumo para productos
competitivos en segmentos saturados. O como dice Tom Wise, creando segmentos
donde uno sabe que puede ser líder.
Así también no olvidemos el aspecto de recursos humanos que
se vería gratamente multiplicado e implicaría mayor mano de obra vinculada al
sector software.
Mucho hace ya que sabemos de manos de los “gurús” del
marketing que la venta importante y hasta masiva de packaging (paquetes,
productos en caja) no es hoy sinónimo de un producto exitoso y los mercado no
podrán sustentar eternamente un estrategia basada en volúmenes. Y que si de
servicios se trata, el packaging es la misma gente, ese factor humano del cual
Uruguay es privilegiado.
Pero el problema no se reduce solo a estos aspectos, existe,
como mencionaba antes, un grupo aun reducido de jugadores en la industria del
software que realmente son visibles, y quienes acaparan gran parte del apoyo
que se vuelca al sector. Con trayectorias loables y productos premiados, este
grupo lleva en hombros la industria, pero una inmensa masa de emprendedores y
otros de larga data en el mercado, pero sin visibilidad, están en un estado de
“animación suspendida”, animación por que no cesa la justa y vivaz campaña y
promoción del rubro, pero latente por que no parecen repercutir en esta masa
silenciosa las oportunidades y apertura de puertas que tanto merecen. La crisis
no ha hecho poco para acentuar este escenario.
Se podrá concluir que existen varias iniciativas que brindan
apoyo a estos emprendedores, start ups y PYMEs del sector. ONGs, organismos e
instituciones de financiamiento se encuentran apoyando y diseminando esta
semilla del oro inicial (seed fund), pero no he visto muchos frutos de esa
siembra en mano de la masa de emprendedores, más bien he visto muchos frutos en
grupos reducidos, tema este que podremos tratar en otras entregas.
Por último, el tercer punto que a propósito dejé en
suspenso, el que corona un camino hasta ahora “no acertado del todo”, es el
contenido. La industria del software se ha olvidado por completo del contenido,
contenido escaso en todo el mundo, donde aun prevalece una disociación entre
producto software y contenido especializado. Donde el hombre creador de
contenidos y el creador de herramientas para administrar ese contenido no
encuentran fácilmente un idioma común para conjugar ambas cosas. Claro que
estoy generalizando, existen muchos y variados casos y ejemplos puntuales que
concluyen lo contrario, pero no es el denominador común.
Uruguay cuenta con esa raza de creadores, desde escritores a
profesionales, de jóvenes a educadores. Y cuenta ya con inmensos repositorios
de contenidos listos para ser procesados, contenidos que podrían alimentar
bibliotecas digitales interminables.
En mayor medida seguimos produciendo productos de software
desarrollados casi íntegramente por técnicos. Pocas son las empresas que han
divisado en el horizonte este problema y han tomado medidas al respecto,
Datalogic Software, solo por nombrar una, ha concebido su producto estrella con
un proceso de desarrollo inverso, de manos de especialistas en contenidos que
serían gestionados por el producto, desarrollaron el software.
Así también otras empresas han comenzado a ratificar su
concepción del producto en revisiones y nuevas versiones. Por si no es claro
aun, no se trata solo de hacer que un contador revise los cálculos que el
software realiza, si los impuestos están bien calculado, si los textos se
ajustan a la legislación vigente, se trata de una gestación completamente
inversa a la usual y que es la única que producirá un producto capaz de cubrir
las necesidades de cualquier cliente.
Un esquema mas simple de contenido puede y debe ser el educativo,
donde Uruguay está muy por sobre la media de la región, con una trayectoria no
muy exhaustiva pero consistente en materia de contenidos educativos digitales y
una experiencia en educación a distancia muchas veces desconocida sobre todo
por que es la propia Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) la
principal responsable, contrariamente a lo que puede suponerse y que por lo
general apunta al ámbito privado, por capacidad económica y capacidad
tecnológica. Conteste con una Sociedad del Conocimiento, los contenidos en la
industria del software es el tercer punto que se ha visto relegado y por
momentos olvidado.
El rumbo de la industria del software parece a veces estar
en piloto automático, pero se hace necesario un cambio de dirección, para que
el éxito de esta industria no se vea eclipsado en un futuro cercano por una
abrupta desaceleración del mercado tanto interno como externo por los motivos
que he mencionado.
El Gobierno debe tomar cartas en el asunto, la Sociedad de
la Información se ha transformado en un asunto protocolar y los ámbitos
oficiales no están siendo dependencias ejecutivas en la materia, el rol de
liderazgo que debe asumir un estado moderno y acompañando las tendencias
mundiales en esta industria, no suele ver con claridad el camino y fácilmente
lo vemos deslizarse del rumbo. Las mejores intenciones están puestas por parte
de los actores públicos, pero un asesoramiento con los pies en tierra y un
discurso actualizado en los que la Sociedad de la Información representa y lo
que supondrá una Economía del Conocimiento en la que se embarque el Estado
todo, se hace cada vez más necesario.
A/S Mauro D.
Ríos
Director de
ICANN-At-Large ORG