Subsidiolandia

 

 

Ha pasado más de la mitad del período de gobierno, es por todos reconocido que estamos en un momento de prosperidad económica donde el precio de nuestros productos  se encuentra por las nubes, y la coyuntura de América Latina nos ayuda a que esto continúe siendo así.

 

Todos estos indicadores son favorables, pero necesitan ser capitalizados por un accionar firme y decidido de parte del gobierno, en este caso el nuestro.

 

Allí es donde comienza nuestra  preocupación, pues no vemos desde el poder ejecutivo medidas que vayan en sintonía con la oleada favorable que viene desde los mercados internacionales.

 

Por el contrario notamos que se está dejando pasar una muy buena oportunidad de ahorrar para cuando los buenos tiempos pasen.

 

Lejos estamos de hacer un análisis técnico, pero si de dar nuestra visión como ciudadanos comunes, y atentos observadores de la realidad.

 

En el momento de asumir el actual gobierno se apostó de pique a un plan de emergencia, que no es otra cosa que entregar dinero a  familias carenciadas en su gran mayoría a cambio de nada, pues si bien se impuso que los destinatarios de ese dinero deberían realizar trabajos comunitarios la respuesta fue escasa, muy por debajo de lo pretendido desde el gobierno.

 

Haciendo un paralelismo tiene muchas similitudes con los planes trabajar en Argentina.

 

Lo criticable de este tipo de medidas es que no brindan una solución de fondo, por el contrario, claramente desalientan a todo aquel que busque trabajo, por eso nuestra disconformidad con este tipo de planes, que a la larga traen más problemas que soluciones, y son propios de los gobiernos voluntaristas como el nuestro que necesita de medidas rápidas y efectistas más que efectivas verdaderamente.

 

Otro tanto ha pasado con la caña de azúcar, también subsidiando la producción, tratando de cumplir con un postulado histórico de la izquierda pero que tiene muy poco que ver con el mundo de hoy.

 

No era de extrañar con tanto despilfarro desde el estado que el fantasma de la inflación apareciera en acción, entonces los encabezados por Astori amparados en los buenos números han recurrido una vez más al subsidio esta vez al transporte de pasajeros para evitar una escalada inflacionaria cada vez más difícil de controlar y de disimular.

 

Los combustibles tampoco han quedado ajenos a esta moda progresista de tratar con dinero hacerse trampas al solitario y demostrar indicadores económicos muy buenos en la macroeconomía pero que poco se condicen con la realidad, tan solo basta ir a la feria para darse cuenta de ello.

 

Sin ser economista ni mucho menos, da la sensación con este gasto sin sustento de estar sentados en un barril de pólvora que no se sabe cuando va a explotar  si cambia la coyuntura internacional.

 

Esperemos que esto no suceda mientras tanto no podemos evitar sentir que gracias al progresismo gobernante estamos en subsidiolandia

 

Nadia Menéndez