A MEDIAS

 

 

Estamos en la mitad del período de gobierno del presidente Vázquez y el Frente Amplio.

 

Se puede hacer un balance a  mitad de camino.

 

Se puede mirar como es que se han presentado los resultados de la gestión, para lo que todo tipo de indicadores son válidos.

 

El desempeño de la economía mundial, y en particular, el comportamiento de los mercados que nuestro país atiende, condicionan favorablemente nuestros datos nacionales.

 

El producto bruto, denuncia un ciclo de crecimiento de ya largos cinco años, alcanzando en valores absolutos y relativos, cifras record.

 

Nuestra balanza comercial presenta los mejores registros de la historia, con exportaciones que superan los cuatro mil millones de dólares por año, con un déficit del orden de los trescientos millones, cosa nunca antes igualada.

 

Para mejor, nuestra balanza de pagos, a pesar de los piquetes ofrece un crecimiento sostenido de su saldo positivo.

 

Es un escenario particularmente favorable.

 

Pero no se puede mirar solo el comportamiento macro.

 

Hay que observar, especialmente, como se han superado, si es que  esto ha sucedido, los principales problemas de nuestra sociedad.

 

Y aquí es donde la cosa se pone fea.

 

Con un crecimiento de la economía como el que reseñamos, lamentablemente, los problemas de índole social, siguen tan campantes, como el primer día.

Uruguay no termina de resolver su principal obstáculo al momento de querer desarrollarse domo sociedad.

 

El altísimo nivel de desempleo que sigue ostentando nuestro País, no permite atender como es debido, la indigencia, la pobreza, la fuga de jóvenes por la emigración, ni mucho menos el cortar la espiral pobreza-delincuencia-inseguridad.

 

Es que si bien desde el Ministerio de Economía se sigue una conducta ortodoxa y prolija en lo económico, de distintas dependencias de la administración, todos los días, se emiten señales que amedrentan la inversión, y por consiguiente, la generación de puestos de trabajo.

 

Una encuesta publicada por la Cámara de Industrias en estos días, deja en evidencia el pesimismo y temor que presiden la toma de decisión a nivel de nuestras empresas.

 

Es que no alcanza con que lo macro tenga buen color.

 

Es imprescindible que el empresario, y su capital, se sientan seguros y protegidos y no en posición de jaque permanente.

 

Si esto no se revierte, cosa poco probable, Uruguay va a haber desaprovechado un momento clave para la resolución de sus dificultades.

 

Habrá dejado pasar el tren.

 

Es que, como en otros órdenes de la vida, no alcanza con hacer las cosas a medias, para lo que no hay excusa.

 

Ni siquiera la de estar en la mitad del camino.

 

Alvaro Alonso